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¿Qué nos hace suponer que las personas con las que compartimos nuestra vida laboral y social coinciden con nuestros pensamientos y sensibilidades? ¿Qué es realmente convivir con la diferencia? Y en todo esto: ¿Cómo pensar la comunicación?

Por Barbara Borzani

No nos criamos en la misma casa, no fuimos a la misma escuela, no jugamos en la misma vereda. Pila de libros y notas hablando de modos de conversar, de relacionarse, de comprender entornos, de empatizar, tratando de explicar esta tendencia a suponer que quienes nos rodean comparten nuestras ideas, sentimientos, modos de proceder y sensibilidades. Dispuestos a afirmar repetitiva y mecánicamente, “respeto a las diferencias”, “riqueza en el intercambio, “comprensión de la diversidad”, terminamos convirtiéndolas en frases políticamente correctas, inconexas con nuestra cotidianidad y de muy poca aplicación real. Es que resulta fácil identificar como diferente a quien lo es por cuestiones de etnia, género, gustos, pertenencia a comunidades, etc. Lo verdaderamente difícil es entender que nuestro compañero con el que trabajamos todos los días, no se crió en mi casa.

Creo que muchas de las dificultades que experimentamos para comunicarnos tienen que ver con esto, tanto como que, nuestras relaciones se simplifican cuando escuchamos sin el filtro único de nuestras propias experiencias. Un cuadro de situación puede ampliar esta idea:

  • Cambio de valores en lapsos brevísimos y conexión entre culturas como no hay precedentes en la historia.
  • Convivencia de generaciones atravesadas por intereses muy diferentes: Tradicionales, Baby boomers, Generacion X, Generación Y.
  • Inmediatez. Rapidez. Infinitud. Fragmentación de discursos e informaciones.
  • Ausencia de grandes paradigmas y en su lugar vigencia de microcosmos o ideas menos abarcativas y más segmentadas.
  • Crisis moral, política, económica y social.
  • Mayor expectativa de vida.
  • Avance continuo de la medicina, la biología y la genética.
  • Tecnologías aplicables a todos los ámbitos de la vida y las organizaciones.
  • Disponibilidad de información y acceso al conocimiento permanente.

Nuestro mundo seguro hace rato no es seguro. Nuestra familia y nuestras costumbres son apenas una posibilidad entre miles. Las diferencias generacionales y de contextos, los recorridos que hicimos, los modos de mirar y valorar, y un sinfín de variables más, plantean la urgencia de que empecemos por entender que no podemos entender todo, que la mayoría de las cosas se nos escapan y que sólo una convivencia que respete eso que se nos escapa, puede traernos buenas comunicaciones y buenas relaciones.

El desafío más grande sigue siendo trabajar y aprender de las personas que tenemos cerca, de nuestros compañeros inmediatos, es decir, negociar con esos otros modos de hacer, que responden a otras veredas, a otras escuelas y a otras casas.

Publicado en Batido de Noticias Revista de Cepas Argentinas Nro. 84 Julio 2009

Imágenes: Gabriela Regina en Cosas de Bicicleta

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