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Men in progress

Dediqué una cuantas semanas al ensayo de Alfred Stout, “Men in progress”. No puedo ni pretendo tener una idea de su obra, todavía. Leeré todo una vez más deteniéndome en las anotaciones que fui haciendo al costado, intentando. Es la perplejidad lo que me lleva a este comentario, no hay otra cosa. Su agudeza, su exactitud para decir, su descaro. Recordemos que Stout (Irlanda, 1920) dedicó su vida a las matemáticas y que fue por un episodio no muy claro (ni siquiera para sus biógrafos y mucho menos para sus críticos) que se inició en la ensayística y se obsesionó con lo que mucho tiempo después se llamaría “nueva masculinidad”.

Escribo sin comprender, lo comparto por vocación y cada quién considere lo que le parezca. Escojo lo menos significante por el lugar que ocupa y a la vez, el mejor pedacito que encontré de su idea, lo que demuestra también su pretensión de no ser entendido rápidamente, un modo de soberbia al que nos tiene acostumbrados. Se trata de una nota al pie (que recién advertí en una segunda lectura de ese capítulo 17 y que no hace más que confirmar sus pretensiones de invisibilidad ficticia) que dice:

“Los hombres solo necesitan que les crean. No esperan más que eso. Una mujer puede vivir sin que le crean, porque su condición es ya creíble. El hombre necesita siempre una justificación de existencia.”

Aunque la provocación es evidente, todo el ensayo es una provocación, llegar a esta idea es al menos un desafío a cualquier síntesis imaginada.

Un párrafo más y me retiro:

“Consumen (los hombres) su tiempo con asombrosa falta de capacidad para el disfrute propio. Es que justificar su existencia les lleva a las más diversas empresas, a las menos lógicas, si bien se lo piensa. Por eso el éxito masculino solo puede darse en parcelas. Que solo basta observar para encontrar que no hay buenos padres que sean buenos empresarios, ni buenos viajeros que conserven sus amistades. Son monofásicos intentando sostener y controlar lo que excede, ya no al género, sino a la condición humana.”

Dice Stout.

Esther Octubre 2009

De las esperanzas

“Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.
Como el Dios de los místicos
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.
Todo se lo robamos,
no le dejamos ni un color ni una sílaba:
aquí está el patio que ya no comparten sus ojos
allí la acera donde acechó la esperanza
Hasta lo que pensamos podría estar pensándolo él también;
nos hemos repartido como los ladrones
el caudal de las noches y de los días.”

Encontré este pedazo de Borges.

Lo trajo de la mano una espera.

La espera siempre acompañada, aún a desgano,

de una esperanza,
y las esperanzas….

Inmóviles estatuas,

mas vale te muevas para visitarlas

(con olor a París y barba adolescente).
Como tantas, como otras.

Como el prólogo de las miradas
como la belleza,

como la perfección

y el inevitable ahogo.

Tarde de invierno
jugando a que no entiendo nada
también encuentro este mensaje

cifrado en rojo y negro:
“para recobrar la alegría”.

Yo no pedí nada.

Ni a borges ni a las esperanzas.

pero vienen

y también vienen los famas.

Paul Agosto de 2009

Si todos sospechan

Si todos sospechan, descreen, te objetan, te apuntan, se quejan, no entienden, preguntan, acusan, te juzgan, pretenden, se ríen, intentan, se enojan, acechan, te absorben, lo cuentan, suspiran, machacan, te miran, comentan, destiñen, golpean, te ladran, se acercan.

No dudes, hacelo, estás cerca.

Esther Junio 2009

Humo

Le dice no fumes mucho justo cuando apaga el pucho 35. No sabe qué es “no fumes mucho”. ¿Será el equilibrio que le reclama la siquiatra? Desconoce. 35 o 5 que más da. Si desayuna clonazepam. Si come cuando la invitan o cuando la motiva un aroma. Qué puede saber de puchos. En realidad no sabe de nada. Solo intuye y ahí va. Escucha. Escucha mucho. Porque no sabe conversar, no entiende la dinámica. Solo sabe fumar. Entiende su boca como entiende la vida, algo para tragar. La entiende como un humo. Es bruta. Ignora todo. No comprende ni la tele. Ni lo que la rodea. Ni siquiera el horario en que tiene que sacar la basura. Ni eso comprende. Desconoce, por eso traga humo. Porque es más fácil que respirar y mucho más fácil que entender.

Esther Mayo de 2009

Preguntaba

¿Existe un día que marca el resto de los que le siguen?

¿Hay un momento que no tiene retorno?

Cometemos errores, nos confundimos, desconocemos ¿o eso es acertar?

¿Cuándo es el hoy de lo que vamos a ser mañana?

¿Cómo se miden las cosas: con una vara, con un libro, con una mano?

¿Quién nos acompaña y quién nos hace sombra?

¿Cuánto tiempo duran las cosas que duran?

Y las que no duran ¿se vuelven invisibles?

¿Relatamos o nos relatan?

¿Lo que cuenta es lo que contamos o lo que no tiene altura ni profundidad?

¿Todo es para algo o es un simple modo de envejecer mientras nos hacemos preguntas?

¿Certeza de lo que se espera o convicción de lo que no se ve?

Esther Marzo 2007

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