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Tres mujeres en un renó 12

Tres mujeres en un renó 12. La más flaca fuma. La que maneja hace una maniobra y estaciona entre unos árboles al costado de la Ruta 8. La que va sentada atrás se recoge el pelo con un esmero inútil para la maraña que lleva. La flaca ya no fuma y apoya el cuello en el respaldo mientras mira pasar un camión de La Serenísima. No hablan. Ni siquiera se miran. Esperan sin ritmo. La más flaca prende otro cigarrillo y se quema con el encendedor. No se queja. Las otras no se enteran. La que maneja se da vuelta y le pregunta algo a la de atrás que pese a sus esfuerzos continua con el cabello como fideos. Le dice que sí con la cabeza y la otra enciende el auto, pero el Renó no se mueve. La más flaca señala a un hombre sin carácter que se acerca lento. Una de ellas baja la ventanilla y lo saluda con un gesto. El hombre sin carácter desaparece por el camino que lo trajo. La que maneja apaga el auto y deja colgar las manos sobre el volante. Están decididas a esperar sin ritmo. Y se quedan ahí hasta que anochece, esperando.

Esther Marzo 2007

El viajero de Agartha

En principio no molesta. Lees la novela y no te molesta, no te reclama, está ahí totalmente terminada y no te necesita (Barthes se indignaría con esto que digo). No sé bien qué pretende Abel Posse en El viajero de Agartha (y no se los voy a preguntar a los críticos literarios que el propio Posse identifica como “comisarios de letras”). Un señor alemán nazi viaja por Oriente disfrazado de señor inglés para que no sospechen los rivales y lo detengan. Tiene que llegar a la Ciudad de los Poderes de donde creen que el nazismo recibió su fuerza. Es un relato que transcurre en tanto transcurre el viaje pero que a mí me pareció una pura anécdota, un álbum de fotos. Claro que tiene algunas genialidades propias del escritor, pero más propias del oficio: a cierta altura de la vida y la escritura decir algo interesante es pura matemática.
Entre medio me quedé con mi propio viaje, mi propio recorrido a pesar de la resistencia de la obra: un camino por el tiempo y el espacio que cuestiona los sentidos. “Al anotar la fecha iba a precisar que hoy es lunes. Esta carece de significado aquí. Siento que ni hubo domingo ni seguirá un martes. Todo un rito de vida queda abolido si uno no le encuentra sentido a la palabra lunes.” Cuando habla de “aquí” se refiere a una cultura distinta con tiempos marcados por prácticas diferentes y en contextos naturales no inteligibles al forastero. El viajero termina siendo devorado de su propio viaje, algo que sabemos a la página 2, pero que se confirma recién en la última.
Como dijo Harrison Ford cuando vio Alphaville: “no la entendí”.

Esther Noviembre de 2006

F de Facundo o de Funes

Recomiendo la instructiva relectura del Facundo, en especial el apartado del “Gaucho Malo” donde se destaca la memoria extra-ordinaria de aquéllos, cuando se trata de recordar caballos de mil estancias. Son como unos memoriosos Funes pero mal entrazados y mal entretenidos. Pegan la oreja al suelo y perciben, ya no un galopar, sino la esencia misma de quién galopa. Funes, no sólo recuerda “cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado”. Incapaces de portar ideas generales solo pueden memorizar particulares. Las consecuencias las explica Borges muy bien: Funes no discierne el avance del minutero sino “los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga”. Y en instancia de concluir define: “Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.” La analogía con Sarmiento y su Gaucho Malo es casi obvia, pero no me animo a afirmarlo (no porque no me parezca, solo por no permitírselo) Literato, cajetilla… mal entretenido. Lo que quería en realidad es recomendarles la instructiva relectura del memorioso Funes.

Esther Febrero 2006

Felicitas

A los 22 años quedó viuda. Se había casado obligada a los 16, conMartín Alzaga que la doblaba en edad pero no en deseos. Felicitas Guerrero era bellísima, rica, aristocrática e inteligente (¿qué drama no trae la belleza cuando se funde a la inteligencia?); contaba con una lista extensa de pretendientes que disputaban su mano, cuando no todo su cuerpo, o su fortuna. Entre todos, un hombre: Enrique Ocampo, la amaba desesperadamente, la imaginaba. Pero ella decidió elegir esta vez: quería a cierto estanciero. Ocampo también decidió y se lo explicó con un revolver que la dejó tendida en un sillón de la sala principal. El amor no correspondido es siempre un modo de hablar sobre la muerte y esa mujer deseada, ese amante asesino, se mezclan en las paredes de un recinto de Barracas que calla por prudente, no por mezquino. Un comedor obrero y una lavandería. Un templo escondido. ¿Cómo describirlo sin destrozarlo en el mismo intento? Hay que contemplarlo.

Transitar un museo es como estar dentro de una película. Buenos Aires, ciudad fantástica: catacumbas, restaurantes, iglesias, edificios, todos gritan alguna historia si nos detenemos a escucharla. ¿No es por eso que leemos, vemos cine, comentamos en la oficina? Sí, queremos historias, queremos detalles. Cómo fue, qué pasó, quién lo hizo. Necesidad de relatar para relatarnos.

Esther Agosto de 2005

Carnaval, fiesta del revés

Durante la Edad Media los festejos del carnaval ocupan Popular un lugar destacado en la vida pública y poco tiene que ver con nuestra idea actual del carnaval y sus maneras de celebrarlo. Mijail Bajtin analiza el tema en profundidad en La cultura Libano popular en la Edad Media y en el Renacimiento; explica que el carnaval es “la segunda vida del pueblo”, da cuenta de la “dualidad del mundo”, es la “fiesta del revés”. De modo que no solo aparece como festejo temporal sino, más que eso, como estilo de vida. El carnaval no pertenece al arte, es la vida misma, tiene elementos del juego. Ignora la cheap mlb jerseys distinción entre actores y espectadores, todos participan, todos se ríen de todos, todos sonridículos, el que se burla y el wholesale mlb jerseys burlador son el mismo, aboliendo una distancia que hoy resulta imposible. Los personajes característicos son bufones y ele payasos que no hacen de sino que viven For su vida como: no son actores sobre el Nfl escenario, son Habitante bufones wholesale nfl jerseys y payasos en todas las circunstancias de su vida. “El carnaval es el triunfo de una wholesale jerseys liberación transitoria y la abolición provisional de las relaciones jerárquicas”. Esta liberación venia de un modo de participar y relacionarse, grotesco, desinhibido y satírico, donde el elemento central era la risa, una risa cheap nba jerseys que era universal y no individual, que negaba y afirmaba. Una risa que incluye a los que ríen.

Esther Junio de 2005

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