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“Lo vas a tener tan rápido que no vas a tener tiempo de desearlo” dice una publicidad. Pregunto: si lo tengo tan rápido que no puedo llegar a desearlo ¿para qué lo quiero? Lo más interesante de todo lo que esperamos es el proceso de desearlo y conseguirlo. ¿Qué viene después del deseo? Me respondo que otro deseo o el aburrimiento. Pero si el acto de desear coincide en espacio y tiempo con el consumo de lo deseado, ¿qué esperar? Claro que no me refiero a hamburguesas inmediatas. Pongamos por caso las plantas. Si no tuviera que esperar que florezcan los jazmines, si todo el tiempo el jazminero tuviera flores, sería lo más parecido a una planta de plástico, estática e idéntica cada día. Desear para que sea diferente. Desear para esperar. Esperar para cambiar de deseo. Y si no transcurre un pedazo de tiempo, ¿cómo saber que eso que creo desear es lo que realmente deseo? Claro que la publicidad no tiene puesto el acento en el deseo sino en el consumo. Sin embargo, y aún en una época en que somos estos que consumen, y aún imaginando un estado de abolición total del deseo, consumir también requiere tiempo, selección, comparación, lucidez… para mí que es al revés: la publicidad nos desea a nosotros. Y nosotros, hasta nuevo aviso, podemos elegir, dejarnos seducir,  histeriquear, hacernos desear.

Esther Junio 2007