Si te vas

Si te vas, te irás sólo una vez,

para mí habrás muerto.

Yo te pido que me lo hagas saber,

quiero estar despierto.

Porque si te vas, yo quiero creer,

que nunca vas a volver.

Dímelo y será mucho menos cruel,

yo siempre supe perder.

Si te vas, quiero verte partir,

saber que te has ido.

Sin adioses, el amar y el morir,

nunca son olvido.

Pájaro tu piel, viento mi querer,

yo te puedo comprender.

Sin saber por qué, no te podrás ir,

yo te quiero despedir.

Y no será por eso, que estemos separados,

aunque no te marcharas, lo nuestro está terminado.

Pero si te vas, yo quiero creer,

que nunca vas a volver.

Si te vas, con amor o sin él,

debes irte ahora.

Tus nostalgias y tus fugas de ayer,

ya no me enamoran.

Mírate vivir, sangre de gorrión,

te ha faltado corazón.

Yo bien puedo ser, si te quieres ir,

el que te ayude a partir.

Si te vas, no te vayas así,

llévate tu vida.

Si no puedes olvidarme y partir,

volarás herida.

Vete sin dolor, debes comprender

que soy el mismo de ayer.

No hay mejor amor que el que ya pasó,

se siente al decir adiós.

Alfredo Zitarrosa. Si te vas (1966)

Sentimientos en Camus

“Como las grandes obras, los sentimientos profundos declaran siempre más de lo que dicen conscientemente. La constancia o movimiento de una repulsión en un alma se vuelve a encontrar en los hábitos de hacer o de pensar y tiene consecuencias que el alma misma ignora. Los grandes sentimientos pasean consigo su universo, espléndido o miserable. Iluminan con su pasión un mundo exclusivo en el que vuelven a encontrar su clima. Hay un universo de la envidia, de la ambición, del egoísmo o de la generosidad. Un universo, es decir una metafísica y una actitud espiritual. Lo que es cierto de los sentimientos ya especializados lo será todavía más de las emociones tan indeterminadas en su base, a la vez tan confusas y tan “ciertas”, tan lejanas y tan “presentes” como pueden ser las que nos producen lo bello o suscita lo absurdo.”

Albert Camus. El mito de Sísifo (1942)

El último lector

Hay una foto donde se ve a Borges que intenta descifrar las letras de un libro que tiene pegado a la cara. Está en una de las galerías altas de la Biblioteca Nacional de la calle México, en cuclillas, la mirada contra la página abierta.

Uno de los lectores más persuasivos que conocemos, del que podemos imaginar que ha perdido la vista leyendo, intenta, a pesar de todo, continuar. Esta podría ser la primera imagen del último lector, el que ha pasado la vida leyendo, el que ha quemado sus ojos en la luz de la lámpara. `Yo soy ahora un lector de páginas que mis ojos ya no ven.´

Un lector es también el que lee mal, distorsiona, percibe confusamente. En la clínica del arte de leer, no siempre el que tiene mejor vista lee mejor.

Ricardo Piglia. El último lector (2005)

Un lunar de tu cara

“Pero, puestos a escoger, prefiero un buen polvo a un rapapolvo y un bombero a un bombardero, crecer a sentar cabeza, prefiero la carne al metal y las ventanas a las ventanillas, un lunar de tu cara a la Pinacoteca Nacional y la revolución a las pesadillas. Prefiero, el tiempo al oro, la vida al sueño, el perro al collar, las nueces al ruido y al sabio por conocer que a los locos conocidos.”

Joan Manuel Serrat. Cada loco con su tema (1983)