Intérprete y traductor, profesiones diferentes

Fundeu | 24 de septiembre de 2013

Intérprete alude a quien traslada textos orales de un idioma a otro, ya sea en conferencias, ruedas de prensa o reuniones de trabajo, mientras que, de acuerdo con el Diccionario académico, el traductor trabaja con obras escritas.

Sin embargo, en los medios se emplea frecuentemente la palabra traductor para referirse a quien en realidad ejerce como intérprete: «Los traductores afganos que ayudaban a las tropas españolas en sus contactos con la población local…», «Defensa se deja atrás a sus traductores en Afganistán» o «Mourinho tenía funciones de traductor en las que ayudaba al entrenador inglés Bobby Robson».

Si bien traductor puede emplearse en un sentido amplio para referirse al profesional que vuelca de un idioma a otro palabras tanto escritas como habladas, la Academia apunta hacia el uso especializado de traductor, que se ocupa de obras escritas y presta máxima fidelidad a detalles y matices, e intérprete, que trabaja con textos orales y, respetando el discurso original, atiende además al tono de cada situación comunicativa específica.

Por tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Los intérpretes afganos que ayudaban a las tropas españolas en sus contactos con la población local…», «Defensa se deja atrás a sus intérpretes y traductores en Afganistán» o «Mourinho tenía funciones de intérprete en las que ayudaba al entrenador inglés Bobby Robson».

Cabe señalar, además, que interpretación simultánea es aquella en la que el intérprete trabaja, generalmente en una cabina, al mismo tiempo que el orador habla y sin que este interrumpa su discurso; mientras que en la interpretación consecutiva el orador va intercalando pausas regulares para que el intérprete intervenga de vez en cuando.

Esta distinción entre traductor e intérprete es extensiva a los verbos correspondientes traducir, más apropiado para textos escritos (aunque válido también en el sentido más amplio de ‘expresar en otra lengua’), e interpretar, más preciso para referirse a la labor de estos profesionales en conferencias, ruedas de prensa o reuniones de trabajo.

Fuente: Fundeu

La patria

Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia.

Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,
pobre sombra de país, lleno de vientos,
de monumentos y espamentos,
de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,
escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,
repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando
de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.

Pobres negros.

Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,
dónde el que come los asados y te tira los huesos.
Malandras, cajetillas, señores y cafishos,
diputados, tilingas de apellido compuesto,
gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,
centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes primeros,
coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos,
bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,
contraflor al resto. Y qué carajo,
si la casita era su sueño, si lo mataron en
pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.

Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.

Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,
te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña
envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,
mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate
con su verde consuelo, lotería del pobre,
y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos
para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.

Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,
pobres blancos que viven un carnaval de negros,
qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,
en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,
en los ranchos que paran la mugre de la pampa,
en las casas blanqueadas del silencio del norte,
en las chapas de zinc donde el frío se frota,
en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.

Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.

Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.

Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.

La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste,
ser argentino es estar lejos.

Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.

Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo,
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.

Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.

Julio Cortázar
París, 1955

Marilyn, La mujer de los sueños

Marilyn Monroe constituye uno de los mitos sociales más importantes de la historia del cine. A 50 años de su muerte, el fenómeno Marilyn Monroe sigue siendo la imagen más fuerte que atravesó el celuloide, para pasar a encabezar la nómina de los mitos eróticos de todos los tiempos. Marilyn era más que una rubia escultural dueña de una mirada de terciopelo, boca entreabierta y risa siempre a punto. La explicación se relaciona con algo que pertenece al mundo de lo inasible: “Tenía algo”. Lo que realmente iluminaba a Marilyn, lo que la hacía sobresalir, vívida y cercana era su capacidad de transmitir la vida y por lo tanto, el deseo.

Como sabemos todo icono posee dos caras. Pero habría que atravesar un universo interior, para descubrir la otra cara del mito. Esta muestra está pensada para oficiar de homenaje a ambas caras. Organizan: Centro Cultural Borges y Galerie Bilderwelt, Berlín Curaduría: Reinhard Schultz y Blanca María Monzón Inauguración 8/3 | Cierre 14/4 Sala 21