Selah, deténgase y escuche

Sela (en hebreo, también transcrito como selah) es una palabra que se usa frecuentemente en la Biblia hebrea, a menudo en los Salmos, y es un concepto difícil de traducir. Es probable que sea un signo litúrgico-musical o una instrucción en la lectura del texto, algo así como «deténgase y escuche». «Sela» también se puede utilizar para indicar que no va a ser un interludio musical en ese momento en el Salmo. La Biblia de las Américas establece Selah como «pausar y pensar en eso».

Los Salmos fueron cantados con acompañamiento de instrumentos musicales y hay referencias a esto en muchos capítulos. Treinta y uno de los treinta y nueve salmos con la leyenda «Para el maestro del coro» incluyen la palabra «Sela». Sela señala una pausa en la canción y, como tal, tiene una finalidad similar a Amén, ya que hace hincapié en la importancia del pasaje anterior. (…)

Fuente: Wikipedia

Música para camaleones

Mi vida – como artista, por lo menos – puede ser proyectada en un gráfico con la misma precisión que una fiebre, registrándose altos y bajos, ciclos específicamente definidos. Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo. No conocía a nadie que escribiera. En realidad, apenas si conocía a alguien que leyera. El hecho era que sólo cuatro cosas me interesaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un día, empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación.

Pero, naturalmente, yo no lo sabía. Yo escribía historias de aventuras, novelas policiales, escenas cómicas, cuentos que me había narrado ex esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Me divertía muchísimo, al principio. Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo. Sigue leyendo

Uemura Shoen

Uemura Shoen (Uemura Tsune) 1875 – 1945 (Japón)

Ajedrez

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
Cuando los jugadores ya se han ido,
cuando el tempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.
En el oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios, detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Jorge Luis Borges. «Ajedrez» (1960)

Si el perdón

Mientras cerraba la puerta de la habitación de Sohrab me pregunté si el perdón se manifestaría de esa manera, sin la fanfarria de la revelación, si simplemente el dolor recogería sus cosas, haría las maletas y se esfumaría sin decir nada en mitad de la noche.

Khaled Hosseini. Cometas en el Cielo (2003)