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“Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.

Como el Dios de los místicos
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.

Todo se lo robamos,
no le dejamos ni un color ni una sílaba:
aquí está el patio que ya no comparten sus ojos
allí la acera donde acechó la esperanza
Hasta lo que pensamos podría estar pensándolo él también;
nos hemos repartido como los ladrones
el caudal de las noches y de los días.”

Encontré este pedazo de Borges.

Lo trajo de la mano una espera.

La espera siempre acompañada, aún a desgano,
de una esperanza,
y las esperanzas….

Inmóviles estatuas,
mas vale te muevas para visitarlas
(con olor a París y barba adolescente).

Como tantas, como otras.

Como el prólogo de las miradas
como la belleza,
como la perfección
y el inevitable ahogo.

Tarde de invierno
jugando a que no entiendo nada
también encuentro este mensaje
cifrado en rojo y negro:
«para recobrar la alegría».

Yo no pedí nada.

Ni a borges ni a las esperanzas.
pero vienen
y también vienen los famas.

Paul