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Un aplazado

De pronto, como un breve latigazo,
mi nombre, Friedt, estalló en el aula.
Yo me puse de pie, y un poco trémulo
avancé hacia la mesa, entre las bancas.
Era el examen último del curso
y al que tenía más miedo: la gramática.
Hice girar resuelto el bolillero
Las dieciséis bolillas del programa
resonaron en él lúgubremente
y un eco levantaron en mi alma.
Extraje dos: adverbio y sustantivo.

Me dieron a elegir una de ambas
y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre?
díjome uno y me asestó las gafas.
Sentí luego un sudor por todo el cuerpo,
se me puso la boca seca, amarga,
y comprendí, con un terror creciente
que yo del nombre no sabía nada.
Revolvía allá adentro, pero en vano,
me quedé en absoluto sin palabras.

Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos:
el camino de arena, cierta planta,
el hermano pequeño, mi perrito,
el té con leche, el dulce de naranja,
¡qué alegría jugar a aquellas horas!
Y sonreía mientras recordaba.
-¡Pero señor -rugió una voz terrible-,
el nombre sustantivo, una pavada!-
Torné a la realidad: sobre la mesa
los dedos de un señor tamborileaban,
cabeceaba blandamente el otro,
el tercero bebía de una taza.

Hacía gran calor. Yo tengo una
cara redonda, simple, colorada,
los ojos grises y los labios gruesos,
el pelo rubio, la sonrisa clara.
Yo quería jugar, no dar examen
darlo otro día, sí, por la mañana…

Se me nubló la vista de repente,
los profesores se me borroneaban,
adquirió el bolillero proporciones
gigantescas, fantásticas,
oí como entre sueños: Señor mío,
puede sentarse… -Y me llené de lágrimas.

Baldomero Fernández Moreno. Yo médico, yo catedrático (1941)

Buenos Aires, 1886-1950

Bicentenario: 200 años de humor gráfico

Bicentenario: 200 años de humor gráfico

En el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori Av. Infanta Isabel 555, Buenos Aires. Inaugura sábado 21 de noviembre (12h) hasta 7 de febrero de 2010. Martes a Viernes de 12 a 20 hs. Sábados, Domingos y feriados de 10 a 20 hs.

Organizada juntamente con el Museo del Dibujo y la Ilustración, la muestra exhibirá 90 originales, entre dibujos, técnicas mixtas y grabados, que proponen un recorrido por el humor gráfico, político y costumbrista argentino desde principios del siglo XIX hasta nuestros días, a través de un desarrollo cronológico. Los originales enmarcados estarán acompañados de abundante material, como periódicos y revistas.

Desde los célebres peinetones de Bacle (1830), pasando por las litografías de los periódicos El Mosquito, La Presidencia, La Cabrionera y Don Quijote (1870-1900), entre otros, y  dibujos humorísticos originales del siglo XX publicados en Caras y Caretas, La Nación, Fray Mocho, Crítica, P.B.T., Patoruzú, Rico Tipo, Clarín, Tía Vicenta, El Mundo, Hortensia, Satiricón, Humor, entre muchos otros, hasta el reciente relanzamiento de Caras y el nacimiento de otras publicaciones. De manera complementaria, esta exhibición suministrará al público material gráfico, fotografías y paneles descriptivos, que acompañarán las obras expuestas.

Se exhibirán producciones realizadas por los artistas Eduardo Sojo, Manuel Mayol, José María Cao, Mario Zavattaro, Eduardo Alvarez, Alejandro Sirio, Diógenes Taborda, Dante Quinterno, Guillermo Divito, Lino Palacio, Landrú, Quino, Calé, Oski,  Guillermo Mordillo, Hermenegildo Sabat y Andrés Cascioli, entre otros, publicados en los más prestigiosos medios gráficos: El Mosquito, Don Quijote, Caras y Caretas, Fray Mocho, Billiken, El Hogar, La Nación, La Razón, Crítica, La Vanguardia, Patoruzú, Rico Tipo, Avivato, Tía Vicenta, Crisis, Clarín, Para Ti, Gente, Saber Vivir, Satiricón, Humor, entre otros.

Men in progress

Dediqué una cuantas semanas al ensayo de Alfred Stout, “Men in progress”. No puedo ni pretendo tener una idea de su obra, todavía. Leeré todo una vez más deteniéndome en las anotaciones que fui haciendo al costado, intentando. Es la perplejidad lo que me lleva a este comentario, no hay otra cosa. Su agudeza, su exactitud para decir, su descaro. Recordemos que Stout (Irlanda, 1920) dedicó su vida a las matemáticas y que fue por un episodio no muy claro (ni siquiera para sus biógrafos y mucho menos para sus críticos) que se inició en la ensayística y se obsesionó con lo que mucho tiempo después se llamaría “nueva masculinidad”.

Escribo sin comprender, lo comparto por vocación y cada quién considere lo que le parezca. Escojo lo menos significante por el lugar que ocupa y a la vez, el mejor pedacito que encontré de su idea, lo que demuestra también su pretensión de no ser entendido rápidamente, un modo de soberbia al que nos tiene acostumbrados. Se trata de una nota al pie (que recién advertí en una segunda lectura de ese capítulo 17 y que no hace más que confirmar sus pretensiones de invisibilidad ficticia) que dice:

“Los hombres solo necesitan que les crean. No esperan más que eso. Una mujer puede vivir sin que le crean, porque su condición es ya creíble. El hombre necesita siempre una justificación de existencia.”

Aunque la provocación es evidente, todo el ensayo es una provocación, llegar a esta idea es al menos un desafío a cualquier síntesis imaginada.

Un párrafo más y me retiro:

“Consumen (los hombres) su tiempo con asombrosa falta de capacidad para el disfrute propio. Es que justificar su existencia les lleva a las más diversas empresas, a las menos lógicas, si bien se lo piensa. Por eso el éxito masculino solo puede darse en parcelas. Que solo basta observar para encontrar que no hay buenos padres que sean buenos empresarios, ni buenos viajeros que conserven sus amistades. Son monofásicos intentando sostener y controlar lo que excede, ya no al género, sino a la condición humana.”

Dice Stout.

Esther 

Pasajera en trance

Pasajera en tránsito perpetuo.

 

Charly García

Pasajera en trance en Tango (1986)

De las esperanzas

“Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.

Como el Dios de los místicos
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.

Todo se lo robamos,
no le dejamos ni un color ni una sílaba:
aquí está el patio que ya no comparten sus ojos
allí la acera donde acechó la esperanza
Hasta lo que pensamos podría estar pensándolo él también;
nos hemos repartido como los ladrones
el caudal de las noches y de los días.”

Encontré este pedazo de Borges.

Lo trajo de la mano una espera.

La espera siempre acompañada, aún a desgano,
de una esperanza,
y las esperanzas….

Inmóviles estatuas,
mas vale te muevas para visitarlas
(con olor a París y barba adolescente).

Como tantas, como otras.

Como el prólogo de las miradas
como la belleza,
como la perfección
y el inevitable ahogo.

Tarde de invierno
jugando a que no entiendo nada
también encuentro este mensaje
cifrado en rojo y negro:
«para recobrar la alegría».

Yo no pedí nada.

Ni a borges ni a las esperanzas.
pero vienen
y también vienen los famas.

Paul 

Este ansia de innovación compulsiva disfraza lo nuevo…

Este ansia de innovación compulsiva disfraza lo nuevo y, en realidad, se parece más a la fabricación de un mundo ideal. No toda novedad está anunciando la emergencia de una diferencia. La novedad arropada de panacea está cargada de atributos mágicos. Podemos inundar la escuela de innovaciones y sin embargo ahogar la “novedad” entendida como algo de otro orden que viene a transformar matrices de pensamiento y acción. La educación no es más potente por su carácter innovador sino por su capacidad de producir alguna diferencia en el sujeto y de poner a su disposición algo que le permita ser distinto a lo que es en algún aspecto. La cuestión no es entonces ahogarnos de innovaciones sino crear condiciones para que el por-venir acontezca. El discurso de la innovación encierra una paradoja irresoluble, porque en tanto se convierte en imperativo, en estrategia previsible para un futuro fabricado, inhibe la disrupción, la verdadera novedad que solo puede registrarse luego de acontecida.

Alejandra Birgin. “Presentación” en ¿Dónde está la escuela? (2001)

Si todos sospechan

Si todos sospechan, descreen, te objetan, te apuntan, se quejan, no entienden, preguntan, acusan, te juzgan, pretenden, se ríen, intentan, se enojan, acechan, te absorben, lo cuentan, suspiran, machacan, te miran, comentan, destiñen, golpean, te ladran, se acercan.

No dudes, hacelo, estás cerca.

Esther 

Mi novia es una terrorista

Tu novia es un encanto y tú estás tan enamorado
por eso le perdonas sus deslices sus engaños
pero tu cariño no es tan ciego
ves muy claro su secreto
ella tiene otra vida más siniestra y clandestina
tu novia es una terrorista
ejecuta y ajusticia y atenta contra el sistema
tiene este cruel defecto pero en fin nadie es perfecto
lo prefiero lo consiento antes que su pasatiempo
sea cleccionar sellos
sea ponerme los cuernos
porque un romance muerto es un romance menos

una comisaría ha sufrido un atentado
tres jóvenes policías murieron acribillados
claro que es más comercial el coche bomba a un coronel
cuatro quilos de explosivos
le mandan directo al cielo
ay que matanza que sangría
debería denunciarla pero igual la culpa es mía
quizás necesite ayuda mi comprensión mi cariño
quizás si le hubiera dado más amor se habría olvidado
de cargarse policías sin manías sin prejuicios
un policía muerto un policía menos

según fuentes del gobierno esta tarde una explosión
ha mandao a tomar por culo los retretes del congreso
se atribuye el atentado a un sector nacionalista
que se caga en el sistema y revindica con violencia
libertad independencia
tú sabes que eso es mentira
que la culpa es de tu novia
se ha cargao tres diputaos la democracia agoniza
y que problema de conciencia a quien piensas serle infiel
a tu novia o a tu patria tú decides mientras tanto
un político muerto un político menos

le han pegao cuatro tiros por la calle a un militar
a sangre fría a bocajarro paseaba con su hijito
pudiste haber evitado este cruel asesinato
el destino de ese niño huérfano estaba en tus manos
no te estremece su llanto
jesucito de mi vida que eres niño como yo
di porqué han matao a mi papá toy solito
que haré yo
cómo perdonarle esto ha ido demasiado lejos
necesito tu consejo
que hago la dejo o no la dejo
un militar muerto un militar menos

no claro
que quizás busque en otra parte
lo que nunca supe darle
ilusiones y alicientes para poder realizarse
mi silencio está cantando apología al terrorismo
me siento responsable y cómplice de su barbarie
por celoso y por cobarde
pero es que me horroriza estar sin ella
no sabría hacerme a la idea
que le ocurra una desgracia o caiga en acto de servicio
el día menos pensado me despierto y estoy viudo
y sin ella estoy perdido ya nada tiene sentido
porque una novia muerta es una novia menos

Albert Pla. La dejo o no la dejo (1997)

El pozo

Puede cambiarse de ciudad,
mas no puede cambiarse de pozo.
Éste no disminuye y no aumenta.
Ellos vienen y van y recogen del pozo
cuando casi se ha alcanzado el agua del pozo
pero todavía no se llegó abajo con la cuerda
o se rompe el cántaro, eso trae desventura.

I Ching El libro de las mutaciones. Hexagrama 48 (1.200 a.c)

Quéjase de la suerte

Quéjase de la suerte: insinúa su aversión a los vicios, y justifica su divertimiento a las musas

¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.

Y no estimo hermosura que vencida
es despojo civil de las edades
ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.

Sor Juana Inés de la Cruz, Quéjase de la Suerte (1695)

Yo no he visto jamás una alegría más expansiva ni más cordial

“Buenos Aires, 25 de mayo de 1810, 9 de la noche. Mi querido J. R: (…) La verdad es que no se puede describir la alegría del pueblo, ¡somos libres! Yo mismo no alcanzo a darme cuenta de la inmensidad de esta dicha, y bailo solo sin poder contenerme. Anoche renunció Cisneros del todo y quedó abolida la pérfida intriga de los faldonudos y granbonetes del Cabildo (…) -¡Atención, señores! -Y el escribano-secretario del Ayuntamiento Justo José Núñez nos leyó: que por la nueva acta de hoy día 25 de Mayo de 1810 quedaba constituida la Junta de Gobierno en Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuénaga (paisanos) Matheu y Larrea (europeos pero patriotas), con Paso y Moreno como secretarios. (…) Hazte cargo del júbilo general que estalló. De ahí corrimos a los cuarteles a hacer tocar diana y a las iglesias para echar a vuelo las campanas. Terrada mandó en el acto hacer salvas: los cohetes reventaban por todas partes; las calles llenas de barro, porque llovía bastante, y sin embargo llenas de señoras y muchachas que vitoreaban a la patria a la par del pueblo.¡Aquello era hermoso! Ha sido imposible iluminar la ciudad por causa de la lluvia y de la garúa; miles de negros y mulatillos han luchado por guarnecer de candilejas las rejas de las ventanas y las cornisas de las puertas; pero se ha recurrido a otro expediente: se han hecho abrir todas las puertas e iluminar los zaguanes; la mayor parte de las ventanas están abiertas e iluminadas por detrás de los vidrios con candelabros, y en las piezas hay niñas y señoras recibiendo sus amigos, tocando el clave y bailando. Yo no he visto jamás una alegría más expansiva ni más cordial”.

Carta de Cosme Argerich a J. R. en  Raffo de La Reta, J.C. Lecciones de Historia Argentina. Buenos Aires: Ed. Estrada, 1954.

Humo

Le dice no fumes mucho justo cuando apaga el pucho 35. No sabe qué es “no fumes mucho”. ¿Será el equilibrio que le reclama la siquiatra? Desconoce. 35 o 5 que más da. Si desayuna clonazepam. Si come cuando la invitan o cuando la motiva un aroma. Qué puede saber de puchos. En realidad no sabe de nada. Solo intuye y ahí va. Escucha. Escucha mucho. Porque no sabe conversar, no entiende la dinámica. Solo sabe fumar. Entiende su boca como entiende la vida, algo para tragar. La entiende como un humo. Es bruta. Ignora todo. No comprende ni la tele. Ni lo que la rodea. Ni siquiera el horario en que tiene que sacar la basura. Ni eso comprende. Desconoce, por eso traga humo. Porque es más fácil que respirar y mucho más fácil que entender.

Esther 

Brevedades

A veces le asisten espacios de cordura, momentos de realidad. Que son todo, porque sin ellos qué haría. Qué nuevos episodios inventaría. Recurre a esos instantes como un maratonista sediento. Los exprime. Sabe que son escasos y breves. Tan breves que es un fastidio. Por eso cuando aparecen, sin lógica ni cronometría, decide. Y puede ser que decida desde un viaje hasta un nuevo corte de pelo. Desde un matrimonio hasta una visita inadecuada. Cuenta con esas brevedades, pero no las espera. Porque sabe que aparecen sin lógica ni cronometría. En uno de esos brevísimos momentos (tal vez el más breve que recuerde) decidió enterarse de su casa habitada de él y por él. Enterarse de sus rincones. Y los recorrió todos, los bendijo uno por uno, los amó como a huérfanos. Y después se le fue la brevedad, la cordura, la sed, la realidad y le pareció que era nada. La casa, los rincones y los huérfanos.

Entonces la vendió.

Esther

Carta del Jefe Piel Roja Noah Sealth (1854)

Carta del Jefe Piel Roja Noah Sealth escrita en 1854 en respuesta a la propuesta del presidente de EEUU, Franklin Pierce, para crear una reserva india y acabar con los enfrentamientos entre indios y blancos.

«¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos esta pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertiría en nuestro padre, y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.

El agua cristalina que corre por los rios y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

los rios son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los rios son nuestros hermanos y también los suyos, y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra de sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorara la tierra dejando atrás solo un desierto. No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena la vista del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.

No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo, ¿para qué sirve la vida, si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento -la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una maquina humeante puede importar mas que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; porque lo que le sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos.

Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.

Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común.

Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminarán hacia su destrucción, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes… ¿Donde está el matorral? Destruido. ¿Donde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.»

Truman

Mi vida -como artista, por lo menos- puede ser proyectada en un gráfico con la misma precisión que una fiebre, registrándose altos y bajos, ciclos específicamente definidos. Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo. No conocía a nadie que escribiera. En realidad, apenas si conocía a alguien que leyera. El hecho era que sólo cuatro cosas me importaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un día, empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación. Pero, naturalmente, yo no lo sabía. Yo escribía historias de aventuras, novelas policiales, escenas cómicas, cuentos que me habían narrado ex esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Me divertía muchísimo, al principio. Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aun: la diferencia entre escribir muy bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo.

Truman Capote. Música para Camaleones (1980)

El banquete

Su vocación por la farsa es tremenda. ¿Le viene de adentro, como una «expiración», o la ejerce mediante un acto cerebral? – Nunca me lo he preguntado -le dije-. Sólo sé que en los trances más dramáticos o solemnes de mi vida siento una furia interior, poética y a la vez destructora, que me incita de pronto a una liberación por lo absurdo.

Leopoldo Marechal. El banquete de Severo Arcángelo (1965)

Si te vas

Si te vas, te irás sólo una vez,

para mí habrás muerto.

Yo te pido que me lo hagas saber,

quiero estar despierto.

Porque si te vas, yo quiero creer,

que nunca vas a volver.

Dímelo y será mucho menos cruel,

yo siempre supe perder.

Si te vas, quiero verte partir,

saber que te has ido.

Sin adioses, el amar y el morir,

nunca son olvido.

Pájaro tu piel, viento mi querer,

yo te puedo comprender.

Sin saber por qué, no te podrás ir,

yo te quiero despedir.

Y no será por eso, que estemos separados,

aunque no te marcharas, lo nuestro está terminado.

Pero si te vas, yo quiero creer,

que nunca vas a volver.

Si te vas, con amor o sin él,

debes irte ahora.

Tus nostalgias y tus fugas de ayer,

ya no me enamoran.

Mírate vivir, sangre de gorrión,

te ha faltado corazón.

Yo bien puedo ser, si te quieres ir,

el que te ayude a partir.

Si te vas, no te vayas así,

llévate tu vida.

Si no puedes olvidarme y partir,

volarás herida.

Vete sin dolor, debes comprender

que soy el mismo de ayer.

No hay mejor amor que el que ya pasó,

se siente al decir adiós.

Alfredo Zitarrosa. Si te vas (1966)

Le interesa lo mismo que usted. Le interesan los libros, la literatura, el olor de estos tesoros que tiene usted aquí y la promesa de romance y aventura de las novelas de a peseta.

Carlos Ruiz Zafón

El Juego del Ángel (2008)

Antes del fin

Como último deber hacia las personas que me habían dado la beca, enseñé Teoría Cuántica y Relatividad en la Universidad de La Plata, donde tuve como alumnos a Balzeiro, cuyo nombre preside hoy un centro atómico en la ciudad de Bariloche, y a Mario Bunge.

Cuando a principios de la década del cuarenta tomé la decisión de abandonar la ciencia, recibí durísimas críticas de los científicos más destacados del país. El doctor Houssay me retiró el saludo para siempre. El doctor Gaviola, entonces director del Observatorio de Córdoba, que tanto me había querido, dijo: “Sabato abandona la ciencia por el charlatanismo”. Y Guido Beck, emigrado austriaco, discípulo de Einstein, en una carta se lamenta diciendo: “En su caso, perdemos en usted un físico muy capaz en el cual tuvimos muchas esperanzas”.

El mundo de los teoremas y un trabajo sobre rayos cósmicos que acababa de publicar en la Physical Review, apenas se divisaban en la inmensa polvareda.

Acompañado por Matilde y Jorge, de cuatro años, me fui a vivir a las sierras de Córdoba, en un rancho sin agua corriente ni luz eléctrica, en la localidad de Pantanillo. Bajo la majestuosidad de los cielos estrellados, sentí cierta paz. Algo parecido a lo que dice Henry David Thoreau: “Fui a los bosques porque deseaba vivir en la meditación, afrontar únicamente los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía para enseñarme; no sucediera que, estando próximo a morir, descubriese que no había vivido”.

No teníamos ni vidrios en las ventanas, y en ese invierno soportamos catorce grados bajo cero, hasta el punto que el río Chorrillos, que cruzaba el terreno, se heló. Nosotros nos calentábamos con el mismo sol de noche con que nos alumbrábamos, y a las siete de la mañana volvíamos a la cama, de puro frío que hacía. En la tranquilidad de una tarde serrana, conocí a un muchacho médico que pasó a visitar a unos parientes en camino hacia Latinoamérica, donde curaría enfermos y hallaría su destino. A aquel joven, hoy símbolo de las mejores banderas, lo recuerda la historia con el nombre de Che Guevara.

Portentosas torres se derrumbaban frente a mí. Entre los escombros, como un yuyito entre rocas resecas, mi yo más profundo intentaba resurgir entre dudas, inseguridades y remordimientos. De mi tumulto interior nació mi primer libro, Uno y el Universo, documento de un largo cuestionamiento sobre aquella angustiosa decisión, y también, de la nostálgica despedida del universo purísimo.

Enfurecidos por lo que llamaban mi empecinamiento, en reiteradas ocasiones, el doctor Gaviola junto a Guido Beck, vinieron a nuestro rancho para tratar de convencer a mi mujer de la locura que estaba cometiendo, en el momento en que el país más necesitaba de científicos. Y aunque traté de explicarles mi crisis espiritual, y de convencerlos de que mi verdadera vocación era el arte, apenas lo comprendieron, ya que para esos hombres, la ciencia es la creación suprema del hombre. Guido Beck atribuía mi decisión a la ligereza sudamericana, y Gaviola dijo que me perdonaría si algún día lograba escribir una obra como La montaña mágica. Pobre Gaviola, creo que nunca supo que la lectura de El túnel lo impresionó al propio Thomas Mann, según anotó en un volumen de sus diarios.

Ernesto Sábato. Antes del Fin (1998)

El postre

Después de tres platos bien servidos, para qué quiere postre? El postre borra el pasado.

Sabatino Arias. @sabatinoarias

Sentimientos en Camus

“Como las grandes obras, los sentimientos profundos declaran siempre más de lo que dicen conscientemente. La constancia o movimiento de una repulsión en un alma se vuelve a encontrar en los hábitos de hacer o de pensar y tiene consecuencias que el alma misma ignora. Los grandes sentimientos pasean consigo su universo, espléndido o miserable. Iluminan con su pasión un mundo exclusivo en el que vuelven a encontrar su clima. Hay un universo de la envidia, de la ambición, del egoísmo o de la generosidad. Un universo, es decir una metafísica y una actitud espiritual. Lo que es cierto de los sentimientos ya especializados lo será todavía más de las emociones tan indeterminadas en su base, a la vez tan confusas y tan “ciertas”, tan lejanas y tan “presentes” como pueden ser las que nos producen lo bello o suscita lo absurdo.”

Albert Camus. El mito de Sísifo (1942)

El último lector

Hay una foto donde se ve a Borges que intenta descifrar las letras de un libro que tiene pegado a la cara. Está en una de las galerías altas de la Biblioteca Nacional de la calle México, en cuclillas, la mirada contra la página abierta.

Uno de los lectores más persuasivos que conocemos, del que podemos imaginar que ha perdido la vista leyendo, intenta, a pesar de todo, continuar. Esta podría ser la primera imagen del último lector, el que ha pasado la vida leyendo, el que ha quemado sus ojos en la luz de la lámpara. `Yo soy ahora un lector de páginas que mis ojos ya no ven.´

Un lector es también el que lee mal, distorsiona, percibe confusamente. En la clínica del arte de leer, no siempre el que tiene mejor vista lee mejor.

Ricardo Piglia. El último lector (2005)

Un lunar de tu cara

“Pero, puestos a escoger, prefiero un buen polvo a un rapapolvo y un bombero a un bombardero, crecer a sentar cabeza, prefiero la carne al metal y las ventanas a las ventanillas, un lunar de tu cara a la Pinacoteca Nacional y la revolución a las pesadillas. Prefiero, el tiempo al oro, la vida al sueño, el perro al collar, las nueces al ruido y al sabio por conocer que a los locos conocidos.”

Joan Manuel Serrat. Cada loco con su tema (1983)

Hay hombres

«Hay hombres que de su cencia

Tienen la cabeza llena;

Hay sabios de todas menas,

Mas digo sin ser muy ducho:

Es mejor que aprender mucho

El aprender cosas guenas»

 

There’s heads with books stuffed chock-a-block,

Every breed and brand and style,

Though I’m not expert in such mysteries,

I’ve picked up enough to teach me this:

That better than learning no-end of things

Is to know a few things worth while.

 

José Hernández. La vuelta de Martín Fierro (1879)

La vuelta de Martín Fierro PDF

The gaucho Martin Fierro PDF

Padres

Padres. Hombres potencialmente padres. Padres impotentes. Padres con poder. Poderosos que no son padres. Jóvenes que no saben que son padres. Padres enterados que sin embargo no entienden. Entendidos en el tema que buscan. Todos llevamos un padre a cuestas. Todos somos un padre, enterado, impotente, potencial, poderoso, digno, infeliz, anticuado, amoroso. Todos admiramos a otro padre que no es el que nos tocó. Todos tenemos el padre que amamos, que a veces coincide con la sangre y a veces no. Padres que coinciden y padres que juegan a ser lo que les sale. Padres íntegros, padres anécdota, padres imposibles, padres admirables. Un rol, un estado, una situación o las tres revueltas en un hombre. Entre tanto, desde el sillón mi propio padre me consulta una sencillez que no puedo responderle ahora que estoy preguntándome cuál de todos será él.

Esther

Piedritas

“De vez en cuando la alegría tira piedritas contra mi ventana quiere avisarme que está ahí esperando pero me siento calmo casi diría ecuánime voy a guardar la angustia en un escondite y luego a tenderme cara al techo que es una posición gallarda y cómoda para filtrar noticias y creerlas quién sabe dónde quedan mis próximas huellas ni cuándo mi historia va a ser computada quién sabe qué consejos voy a inventar aún y qué atajo hallaré para no seguirlos está bien no jugaré al desahucio no tatuaré el recuerdo con olvidos mucho queda por decir y callar y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido

que la alegría no tire más piedritas abriré la ventana.” Mario Benedetti. Piedritas en la ventana

Y aunque aquél maestro, modelo y guía de mis primeros años literarios, lo llamó poeta menor y me reprochó el citarlo, lo sigo leyendo después de muchas lecturas a cuestas, tratando de entender su desazón, su aludir a la alegría sin creerla.

Esther

No me diga

Encontré sin buscar y estaba él, con su mirada de niño tímido, con esa ingenuidad que tiene para responder cuando le preguntan trascendencias. “¿Yo dije eso?” “¿Cuándo?” Y el periodista español le precisa fecha y libro con una sonrisa enorme; espera que esa oración pronunciada dé lugar a una reflexión, a un descubrimiento fantástico y definitivo de su ser. “No sabía lo que decía, estaba practicando, tratando de ver si me salía escribir” El periodista no se resigna: “Pero Maestro, usted es uno de los escritores más…” No lo dejó completar la frase, lo miró ciego y cargado: “No me diga maestro, dígame simplemente Borges”.

Esther

Tres mujeres en un renó 12

Tres mujeres en un renó 12. La más flaca fuma. La que maneja hace una maniobra y estaciona entre unos árboles al costado de la Ruta 8. La que va sentada atrás se recoge el pelo con un esmero inútil para la maraña que lleva. La flaca ya no fuma y apoya el cuello en el respaldo mientras mira pasar un camión de La Serenísima. No hablan. Ni siquiera se miran. Esperan sin ritmo. La más flaca prende otro cigarrillo y se quema con el encendedor. No se queja. Las otras no se enteran. La que maneja se da vuelta y le pregunta algo a la de atrás que pese a sus esfuerzos continua con el cabello como fideos. Le dice que sí con la cabeza y la otra enciende el auto, pero el Renó no se mueve. La más flaca señala a un hombre sin carácter que se acerca lento. Una de ellas baja la ventanilla y lo saluda con un gesto. El hombre sin carácter desaparece por el camino que lo trajo. La que maneja apaga el auto y deja colgar las manos sobre el volante. Están decididas a esperar sin ritmo. Y se quedan ahí hasta que anochece, esperando.

Esther

Victoria

Elegante, arrogante, seductora, autoritaria; se piensa que la literatura es un capricho, que los hombres niños, que Europa el mundo. Victoria Ocampo, mujer y oligarca, dos condiciones (en la época) para mantenerse al margen de intervenir en cuestiones culturales que escaparan al consumo o la beneficencia. Aun así se mete por los laterales, dinamita, acerca: se anima a ser punto de encuentro en una sociedad siempre en construcción.

Es una mala escritora. Ella es la ausencia y no lo niega. Por eso contiene antes que exhibe, es mecenas antes que intelectual. Vincula escritores y artistas y en ello pone todo su esfuerzo y dinero. Utiliza sus vínculos para crear redes, para acercar personas. Y al fin, ella misma es el invento de sus propias articulaciones. Eso es Victoria Ocampo, una mujer apasionada que busca. Y en esa búsqueda encuentra, no sólo para ella, sino para toda una cultura. Le tocaron en suerte una clase social regresiva y un género apéndice del otro, con esa invalidez, tradujo, editó, publicó, escribió, acogió, viajó… En una carta a Waldo Frank le dice: “no sabe usted lo que es vivir entre personas que nunca me comprenden ni aceptan. Usted no puede imaginar lo que es ser mujer en América del Sur”.

Esther

Todo el mundo la dispara

Todo el mundo la dispara,
se atropella y no repara
que está haciendo un disparate.

Todos gritan, aceleran
y parece que tuvieran
refucilos en el mate.

Es un siglo de aspirinas,
«surmenages» y de locos;
y a los que no están piantados,
se ve que les falta poco.

Si tenés muchos problemas
y buscás la solución,
no te aflijas y andá a Vieytes,
porque en Vieytes dan razón.

Tranquilo, viejo, tranquilo,
que al final, primero vos!…

Tranquilo
y a no agitarse,
que es peligroso
desesperarse.

La vida es corta
y al pasarla a té de tilo,
preocupado y con estrilo
me parece que es atroz.

Tranquilo, viejo, tranquilo,
y al final, primero vos.

No te apures, Timoteo,
si te rajan del empleo
y te dejan ambulante.

Y si tu mujer berrea
o tu suegra te pelea,
vos mandate un buen calmante.

Si la vida está muy cara
o te están acogotando,
no te apartes de la huella
aunque vengan patinando.

Suprimí las disparadas
y acercate a la razón,
sofrenate y acordate
que tenés un corazón.

Música: Francisco Canaro Letra: Ivo Pelay, Tranquilo viejo tranquilo

Esther

El viajero de Agartha

En principio no molesta. Lees la novela y no te molesta, no te reclama, está ahí totalmente terminada y no te necesita (Barthes se indignaría con esto que digo). No sé bien qué pretende Abel Posse en El viajero de Agartha (y no se los voy a preguntar a los críticos literarios que el propio Posse identifica como “comisarios de letras”). Un señor alemán nazi viaja por Oriente disfrazado de señor inglés para que no sospechen los rivales y lo detengan. Tiene que llegar a la Ciudad de los Poderes de donde creen que el nazismo recibió su fuerza. Es un relato que transcurre en tanto transcurre el viaje pero que a mí me pareció una pura anécdota, un álbum de fotos. Claro que tiene algunas genialidades propias del escritor, pero más propias del oficio: a cierta altura de la vida y la escritura decir algo interesante es pura matemática. Entre medio me quedé con mi propio viaje, mi propio recorrido a pesar de la resistencia de la obra: un camino por el tiempo y el espacio que cuestiona los sentidos. “Al anotar la fecha iba a precisar que hoy es lunes. Esta carece de significado aquí. Siento que ni hubo domingo ni seguirá un martes. Todo un rito de vida queda abolido si uno no le encuentra sentido a la palabra lunes.” Cuando habla de “aquí” se refiere a una cultura distinta con tiempos marcados por prácticas diferentes y en contextos naturales no inteligibles al forastero. El viajero termina siendo devorado de su propio viaje, algo que sabemos a la página 2, pero que se confirma recién en la última. Como dijo Harrison Ford cuando vio Alphaville: “no la entendí”.

Esther 

Acuario

Un acuario impresionante. Paredes de vidrio, techos de vidrio, un recinto en el que no queda claro si el visitante es exhibido a los peces o los peces al visitante, salvo por un detalle: los peces mantienen conductas adecuadas. Los visitantes en cambio, se comportan de una manera extraña. Los peces entienden la voz del altoparlante: “no rompa el vidrio de la pecera, porque los humanos no respiran en el agua”. Pero los visitantes no atienden la voz que grita “no utilice flashes porque los peces carecen de párpados” y hasta duplican la apuesta utilizando reflectores. Después de un rato se comprende la situación: todo lo que en principio se juzga como gente recorriendo el lugar, son en realidad cámaras digitales y teléfonos móviles que llevaron a pasear gente. Por eso no entienden, porque los artefactos no piensan. Por suerte los peces, que son muy organizados y solidarios, hicieron un fondo común y compraron lentes oscuros para toda la comunidad acuática. También preparan una convención para noviembre, en la que intentarán averiguar por qué las personas no pueden admirar y necesitan registrarlo todo virtualmente. Tienen una hipótesis: creen que a los humanos se les atrofió la capacidad de vivir la realidad y solo pueden percibirla a través de aparatos. El ala más dura de la convención, va más allá: creen que la tecnología piensa, decide y actúa, por las personas. En noviembre se sabrá.

Esther

Vida eterna

“Más que por la duración del tiempo que ofrece hechos invariables, se vive por la diversidad de las situaciones en que el tiempo nos hace intervenir”

La Nación, 7 de octubre de 1893.

“La ciencia acaba de descifrar un mecanismo de resucitación que abre un escenario científico extraordinario. El autor de este hallazgo (…) logró comprender el proceso de “resurrección” de una bacteria que aun después de muerta es capaz de volver a la vida en pocas horas. Para el científico podría ser el primer paso en el terreno de la reconstitución neuronal y cardíaca. Pero de allí en más, todo sería posible. Hasta la vida eterna.” El periodista le pregunta: “¿Podríamos decir que usted acaba de fundar un instituto que trabajará para la resurrección humana?” y el científico responde: “En broma, suelo decir que pediremos financiación al Vaticano para trabajar sobre la base molecular de la resurrección. Si Roma nos da el dinero, habremos ganado.”

La Nación, 12 octubre de 2006.  

Me gustaría preguntarle al científico: ¿qué habremos ganado?… se vive por la diversidad de las situaciones en que el tiempo nos hace intervenir.

Esther 

La consumición en la concepción del mundo de los aztecas 

Como la civilización se mide por sus obras, la de los aztecas nos parece miserable. Se servían, a veces, de la escritura, tenían conocimientos astronómicos, pero sus únicas obras importantes eran inútiles. Su ciencia de la arquitectura les servía para edificar pirámides en lo alto de las cuales inmolaban seres humanos.

Su concepto del mundo se opone de forma diametral y singular a la que tiene lugar entre nosotros desde nuestras perspectivas de actividad. La consumición no tenía un menor lugar en sus pensamientos que la producción en los nuestros. No estaban menos preocupados por sacrificar que nosotros por trabajar.

El mismo sol era la expresión del sacrificio. Era un dios semejante al hombre que llegó a convertirse en sol al arrojarse a las llamas de una hoguera. (…)

Por este mito es posible acercarse a la creencia según la cual fueron creados los hombres, y no solamente los hombres sino también las guerras “para que hubiera gente de la cual fuera posible tener el corazón y la sangre para que el sol pudiera comer”. Esta creencia no tiene evidentemente que el mito el sentido del valor extremo del consumo. (…) El pensamiento no era para los aztecas más que la exposición de los actos.

Georges Bataille. La parte maldita (1949)

Avance

Crema antiage, reafirmante, hidratante, humectante, relajante, nutritiva, de noche, de día; mascarillas, geles, tonificantes, contorno de ojos. Tratamientos para la celulitis, las venitas, las várices. Gimnasio tres veces por semana. Belleza de pies y manos. Peluquería, corte, tintura, peinado, baño de crema o ampolla hipersuperreconstituyente del tejido capilar, brayin, planchita. Depilación de piernas, axilas, bozo y cejas. Masajes descontracturantes, reafirmantes, desestresantes, reductores. Pulido corporal. Dietas líquidas, sólidas, de la luna, de las verduras. Rubor, base correctora, delineador de ojos y labios, esmaltes, lacas, sombras, rimel, labial. Cama solar o sol con pantalla 60. Ropa deportiva, formal, sport, casual, de entre casa, ropa interior. Zapatos, sandalias, botas, zapatillas, ojotas. Carteras, chales, cinturones y demás accesorios. Revistas de orientación para combinar todo eso. Cirugías estéticas, botox, rellenos. Trabajo, marido, hijos, casa, jardín, mascota, madres, suegras. Qué adorable la liberación femenina.

Esther 

El último disparate de Nicanor

Que cuando le preguntaron

si había estado enamorado,

como es un hombre sincero,

“yo, no señor –contestó-

yo siempre fui camarero”.

 

Joaquín Sabina. Dímelo en la calle (2002)

Formación In-formación

Sin duda es conveniente leer los diarios para comprender luego Barcelona. Fuera de eso se trata siempre de resolver de la mejor manera posible, la tensión entre formación e información. No hay tiempo para las dos. En una época de formación permanente, informarse es casi suntuoso. Pocas veces nos encontramos con personas que, excesivamente informadas, den cuenta simultáneamente de una formación adecuada. Porque estudiar, capacitarse, entender, exige una distancia necesaria del flujo cotidiano de los acontecimientos. Aprender requiere suspender el tiempo, hacer como si no pasara nada allá afuera y solo aquí adentro en este escritorio. Por el contrario, informarse es atender estímulos externos y ponerlos en relación constante con los otros infinitos aconteceres (actividad que juzgo absolutamente innecesaria dado su alto índice de repetitividad). Nada hay de nuevo que no pueda imaginarse o ficcionarse. Basta reiterar hasta el hartazgo los amargos hechos de los últimos diez años y se obtiene el presente. Cualquiera que comprenda los modos correctos de proyectar información obtendrá eso que la tele llama “realidad”. Cierto: aparece necesario el equilibrio pero no tengo idea de cómo se lograría. Mientras tanto Barcelona satisface perfectamente todas las necesidades de actualidad, en algo que podría ser la síntesis entre necesidades de in-formación y necesidades de formación, a saber: la de-formación de la, de todos modos, inaccesible realidad.

Esther

Cachi

En el recorrido propuesto de los Valles Calchaquíes está Cachi. Pueblo diminuto y polvoriento y, según me dicen, visitado por extraterrestres con alguna asiduidad. En Cachi no hay mucho para hacer de modo que comer es el mejor plan. Así pasé la tarde entre casuelas de llama y cabernet, empanadas y cerveza Salta, hasta que se hizo la noche y solo quedaban los nenes corriendo en la Plaza única. El silencio profundo y la oscuridad absoluta entrecortada por farolitos de pocos wats en extraña combinación con horas de alcohol, abren un paisaje, hasta el momento insospechado. En el camino algo destaca: no hay puertas abiertas en ninguna casa y los picaportes brillan con su mejor bronce. Puertas horrendas, puertas nuevas, puertas altas… en todas se repite con el mismo empeño ese picaporte endemoniado. No sé que hacen estos habitantes encerrados tan temprano con la luz apagada, solo adivinados por el murmullo que dejan filtrar por debajo de las puertas herméticas. Y por qué cierran las puertas. Y por qué tienen los picaportes tan brillantes. Había dejado mi equipo antropológico en Buenos Aires de modo que no tuve cómo auscultar. Pensé en los extraterrestres y tuve que desestimarlo por razones obvias: cualquiera sabe que están en elUritorco y no en Cachi. Preferí no consultarlo con nadie menos por discreta que por miedo a escuchar alguna historia que me perturbara el sueño. Pero aquello que estamos destinados a saber es inevitable y por esas causalidades en el almacén, mientras reclamo una Villavicencio fría, escucho algo de unos enanos que salen de ronda después de las doce (horario conveniente si se es enano de historia espantosa) y andan por ahí robando picaportes con intenciones siniestras. Los motivos, los modos de operar y las relaciones con la cerrajería como seudociencia paranormal, me los reservo para preservar la sensibilidad de quién lee. Sépase únicamente que las siguientes tres noches dormí de a ratos, vigilando que la puerta de la habitación permaneciera cerrada. A la cuarta me conjuró un cerrajero y seguí mi viaje.

Esther

F de Facundo o de Funes

Recomiendo la instructiva relectura del Facundo, en especial el apartado del «Gaucho Malo» donde se destaca la memoria extra-ordinaria de aquéllos, cuando se trata de recordar caballos de mil estancias. Son como unos memoriosos Funes pero mal entrazados y mal entretenidos. Pegan la oreja al suelo y perciben, ya no un galopar, sino la esencia misma de quién galopa. Funes, no sólo recuerda “cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado”. Incapaces de portar ideas generales solo pueden memorizar particulares. Las consecuencias las explica Borges muy bien: Funes no discierne el avance del minutero sino “los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga”. Y en instancia de concluir define: “Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.” La analogía con Sarmiento y su Gaucho Malo es casi obvia, pero no me animo a afirmarlo (no porque no me parezca, solo por no permitírselo) Literato, cajetilla… mal entretenido. Lo que quería en realidad es recomendarles la instructiva relectura del memorioso Funes.

Esther 

Reparar

Reparar en las cosas es tal vez uno de los gestos más humanos que pueden ocurrirnos. Ese instante en que damos cuenta de las arrugas al lado de los ojos, que escuchamos a nuestro padre repitiendo la misma anécdota, que miramos la biblioteca atestada de libros sin acomodar. Esos momentos que no hacen otra cosa que marcar el tiempo. No ocurre todos los días, por eso los instantes en que reparamos nos detienen el corazón un rato y también la vista. Ese señor que amanece al lado, ese deporte que ya se practica solo casi sin nosotros, esa charla gastada con el mismo amigo, esa esperanza reiterada… Sin embargo ninguno de estos reparares es tan complejo ni tan profundo como el de reparar en el acto rutinario, en ese itinerario desprovisto de juicio, ese puro acto mecánico. Poner la pava y ni preguntarse si a esa mañana en vez de té no le iba mejor un licuado. Propone Ortega y Gasset que siempre hay posibilidad de elección que aun el esclavo puede elegir: obedecer o morir. Nuestras elecciones parecieran más sencillas que la vida o la muerte… pero no dudo que reparar en la primera, considerar sus ofertas diarias con mayor respeto y solemnidad, puede ser un excelente elixir contra la segunda y su empleado destacado: el tiempo.

Esther

De las nucas

Después de la segunda copa de Malbec no le creo nada, pero me hizo reír tanto, que verdad o Malbec vale la pena repetirlo: “todo lo que los hombres queremos es que nos acaricien la nuca. Que me parece un poco reducido en expectativas, le dije. Que no, que es todo lo queremos, insistió. A algunos nos gusta más subiendo por la nuca hacia el centro de la cabeza, a otros, hacia los costados casi por la mandíbula. Le retiré la botella, pero no pude quitarle la copa. OK, te creo lo de la nuca pero explicame, además ¿qué otra cosa quieren?; ¿Los hombres? me preguntó; no las nucas, le contesté. Sí, los hombres. ¿Además de que nos toquen la nuca? Sí, además. Bueno eso depende. Si se trata de una relación light, un rato después nos enamoramos. Pero si es una relación formal, un rato después nos aburrimos. Si estamos con una mujer independiente, un rato después queremos controlarlo todo. Ahora si es sumisa, un rato después es agobiante tener que decidir cada paso. Una mujer decidida en la cama, un rato después preocupa. Ahora si es pasiva, un rato después queremos acción. Si una mujer delgada, un rato después mejor que sea rellena. Si es gorda, obvio que queremos una flaca. Si una mujer afectuosa… pará, le dije, ¿vos me hablás en serio? Sí claro -y me arrebató el malbec. Nos quedamos callados, midiéndonos. Está bien, está bien. Reconozco que a veces también queremos otra cosa. ¿Qué? le pregunté. Se me acercó al oído con una semisonrisa  y me acarició la nuca, justo en el centro.

Esther 

Felicitas

A los 22 años quedó viuda. Se había casado obligada a los 16, con Martín Alzaga que la doblaba en edad pero no en deseos. Felicitas Guerrero era bellísima, rica, aristocrática e inteligente (¿qué drama no trae la belleza cuando se funde a la inteligencia?); contaba con una lista extensa de pretendientes que disputaban su mano, cuando no todo su cuerpo, o su fortuna. Entre todos, un hombre: Enrique Ocampo, la amaba desesperadamente, la imaginaba. Pero ella decidió elegir esta vez: quería a cierto estanciero. Ocampo también decidió y se lo explicó con un revolver que la dejó tendida en un sillón de la sala principal. El amor no correspondido es siempre un modo de hablar sobre la muerte y esa mujer deseada, ese amante asesino, se mezclan en las paredes de un recinto de Barracas que calla por prudente, no por mezquino. Un comedor obrero y una lavandería. Un templo escondido. ¿Cómo describirlo sin destrozarlo en el mismo intento? Hay que contemplarlo.

Transitar un museo es como estar dentro de una película. Buenos Aires, ciudad fantástica: catacumbas, restaurantes, iglesias, edificios, todos gritan alguna historia si nos detenemos a escucharla. ¿No es por eso que leemos, vemos cine, comentamos en la oficina? Sí, queremos historias, queremos detalles. Cómo fue, qué pasó, quién lo hizo. Necesidad de relatar para relatarnos.

Esther 

Carnaval, fiesta del revés

Durante la Edad Media los festejos del carnaval ocupan un lugar destacado en la vida pública y poco tiene que ver con nuestra idea actual del carnaval y sus maneras de celebrarlo. Mijail Bajtin analiza el tema en profundidad en La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento; explica que el carnaval es “la segunda vida del pueblo”, da cuenta de la “dualidad del mundo”, es la “fiesta del revés”. De modo que no solo aparece como festejo temporal sino, más que eso, como estilo de vida. El carnaval no pertenece al arte, es la vida misma, tiene elementos del juego. Ignora la distinción entre actores y espectadores, todos participan, todos se ríen de todos, todos sonridículos, el que se burla y el burlador son el mismo, aboliendo una distancia que hoy resulta imposible. Los personajes característicos son bufones y payasos que no hacen de sino que viven su vida como: no son actores sobre el escenario, son bufones y payasos en todas las circunstancias de su vida. “El carnaval es el triunfo de una liberación transitoria y la abolición provisional de las relaciones jerárquicas”. Esta liberación venia de un modo de participar y relacionarse, grotesco, desinhibido y satírico, donde el elemento central era la risa, una risa que era universal y no individual, que negaba y afirmaba. Una risa que incluye a los que ríen.

Esther

El otro

Cuando me dijeron que no puedo ser Juan José Millás en Internet porque alguien se lo ha pedido antes que yo, mi primer impulso fue poner una denuncia. Luego, como el abogado me salía más caro de lo que valgo, decidí dejar las cosas como están. Ese loco que pretende ser yo no tiene ni idea, pues, de la vida que le espera. Si ha de pasar en la existencia digital por la mitad de lo que yo he pasado en la analógica, no tardará en salir corriendo de mi cuerpo. Entre tanto, me divierte asomarme cada día al ojo de cerradura de la Red y ver a qué se dedica mi reflejo cibernético. De momento, no se dedica a nada: está ahí el pobre, en medio de un escaparate desolado, esperando que alguien lo compre. Pero quién va a comprarlo. ¿Quién va a comprar un Juan José Millás binario, por favor? No tiene ni idea el individuo que se ha metido en mi pellejo lo que me cuesta venderme cada día. Y eso que en la versión analógica sé arreglar enchufes y reparar grifos y colgar cuadros y lavar y planchar y cambiarle al coche la batería y el aceite.El único que podría comprarme soy yo, y no porque no pueda vivir sin mí, sino por lástima. En las películas de esclavos, siempre me identificaba con el esclavo que no compraba nadie. No importa al precio que me pongas, muchacho, no lograrás venderme ni a mí mismo: mi lástima no llega a tanto. Y, cuando llega, es compensada por un golpe de ira, porque hoy por hoy me detesto más de lo que me deseo. Si tuviera que elegir entre darme veinte duros y darme un tiro, me pegaría un tiro, no lo dudes. Ignoro cuánto has pagado por ser yo, pero por poco que sea has hecho un mal negocio. Antes de lo que te imaginas, vendrás a pedirme de rodillas que me haga cargo de mí mismo, tiempo al tiempo.

Pero no me intereso. Ni bañado en oro volvería a ser yo. Estoy hasta los huevos de la versión original, que dicen que es la buena, de modo que no quiero ni imaginar cómo serán las copias. Agradecería, pues, que te apropiaras también del familiar Juanjo Millás antes de que tenga un momento de debilidad y lo haga yo por pena. No olvides tomar Almax para el ardor de estómago, y Trankimazín para la angustia. Para la culpa no he encontrado nada todavía.

Juan José Millás. El otro en El País 20 Oct. 2000

El periódico Martín Fierro en las artes y en las letras

El periódico Martín Fierro en las artes y en las letras

Museo de Bellas Artes. Av. del Libertador 1473. www.mnba.org.ar. Del 14 de abril al 30 de mayo de 2010.

A través de sus columnas, Martín Fierro introdujo la apreciación estética de los grandes ismos del arte europeo y latinoamericano, como así también de sus resonancias y ecos locales. Seleccionando obras del patrimonio artístico del Museo Nacional de Bellas Artes y préstamos de colecciones públicas y privadas nacionales y extranjeras, se exhibe un conjunto de cien obras de Xul Solar, Emilio Pettoruti, Norah Borges, Alfredo Guttero, Raquel Forner, Aquiles Badi, Horacio Butler, Héctor Basaldúa, Thibon de Libian, Paul Gauguin, Pablo Picasso, Carlo Carrá, Marie Laurencin, Pedro Figari y Julio Castellanos, entre otros, bajo la curaduría de Sergio Baur.

Fuente: GCBA