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“De vez en cuando la alegría tira piedritas contra mi ventana quiere avisarme que está ahí esperando pero me siento calmo casi diría ecuánime voy a guardar la angustia en un escondite y luego a tenderme cara al techo que es una posición gallarda y cómoda para filtrar noticias y creerlas quién sabe dónde quedan mis próximas huellas ni cuándo mi historia va a ser computada quién sabe qué consejos voy a inventar aún y qué atajo hallaré para no seguirlos está bien no jugaré al desahucio no tatuaré el recuerdo con olvidos mucho queda por decir y callar y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido

que la alegría no tire más piedritas abriré la ventana.” Mario Benedetti. Piedritas en la ventana

Y aunque aquél maestro, modelo y guía de mis primeros años literarios, lo llamó poeta menor y me reprochó el citarlo, lo sigo leyendo después de muchas lecturas a cuestas, tratando de entender su desazón, su aludir a la alegría sin creerla.

Esther