Victoria

Elegante, arrogante, seductora, autoritaria; se piensa que la literatura es un capricho, que los hombres niños, que Europa el mundo. Victoria Ocampo, mujer y oligarca, dos condiciones (en la época) para mantenerse al margen de intervenir en cuestiones culturales que escaparan al consumo o la beneficencia. Aun así se mete por los laterales, dinamita, acerca: se anima a ser punto de encuentro en una sociedad siempre en construcción.

Es una mala escritora. Ella es la ausencia y no lo niega. Por eso contiene antes que exhibe, es mecenas antes que intelectual. Vincula escritores y artistas y en ello pone todo su esfuerzo y dinero. Utiliza sus vínculos para crear redes, para acercar personas. Y al fin, ella misma es el invento de sus propias articulaciones. Eso es Victoria Ocampo, una mujer apasionada que busca. Y en esa búsqueda encuentra, no sólo para ella, sino para toda una cultura. Le tocaron en suerte una clase social regresiva y un género apéndice del otro, con esa invalidez, tradujo, editó, publicó, escribió, acogió, viajó… En una carta a Waldo Frank le dice: “no sabe usted lo que es vivir entre personas que nunca me comprenden ni aceptan. Usted no puede imaginar lo que es ser mujer en América del Sur”.

Esther

Todo el mundo la dispara

Todo el mundo la dispara,
se atropella y no repara
que está haciendo un disparate.

Todos gritan, aceleran
y parece que tuvieran
refucilos en el mate.

Es un siglo de aspirinas,
«surmenages» y de locos;
y a los que no están piantados,
se ve que les falta poco.

Si tenés muchos problemas
y buscás la solución,
no te aflijas y andá a Vieytes,
porque en Vieytes dan razón.

Tranquilo, viejo, tranquilo,
que al final, primero vos!…

Tranquilo
y a no agitarse,
que es peligroso
desesperarse.

La vida es corta
y al pasarla a té de tilo,
preocupado y con estrilo
me parece que es atroz.

Tranquilo, viejo, tranquilo,
y al final, primero vos.

No te apures, Timoteo,
si te rajan del empleo
y te dejan ambulante.

Y si tu mujer berrea
o tu suegra te pelea,
vos mandate un buen calmante.

Si la vida está muy cara
o te están acogotando,
no te apartes de la huella
aunque vengan patinando.

Suprimí las disparadas
y acercate a la razón,
sofrenate y acordate
que tenés un corazón.

Música: Francisco Canaro Letra: Ivo Pelay, Tranquilo viejo tranquilo

Esther

El viajero de Agartha

En principio no molesta. Lees la novela y no te molesta, no te reclama, está ahí totalmente terminada y no te necesita (Barthes se indignaría con esto que digo). No sé bien qué pretende Abel Posse en El viajero de Agartha (y no se los voy a preguntar a los críticos literarios que el propio Posse identifica como “comisarios de letras”). Un señor alemán nazi viaja por Oriente disfrazado de señor inglés para que no sospechen los rivales y lo detengan. Tiene que llegar a la Ciudad de los Poderes de donde creen que el nazismo recibió su fuerza. Es un relato que transcurre en tanto transcurre el viaje pero que a mí me pareció una pura anécdota, un álbum de fotos. Claro que tiene algunas genialidades propias del escritor, pero más propias del oficio: a cierta altura de la vida y la escritura decir algo interesante es pura matemática. Entre medio me quedé con mi propio viaje, mi propio recorrido a pesar de la resistencia de la obra: un camino por el tiempo y el espacio que cuestiona los sentidos. “Al anotar la fecha iba a precisar que hoy es lunes. Esta carece de significado aquí. Siento que ni hubo domingo ni seguirá un martes. Todo un rito de vida queda abolido si uno no le encuentra sentido a la palabra lunes.” Cuando habla de “aquí” se refiere a una cultura distinta con tiempos marcados por prácticas diferentes y en contextos naturales no inteligibles al forastero. El viajero termina siendo devorado de su propio viaje, algo que sabemos a la página 2, pero que se confirma recién en la última. Como dijo Harrison Ford cuando vio Alphaville: “no la entendí”.

Esther

Acuario

Un acuario impresionante. Paredes de vidrio, techos de vidrio, un recinto en el que no queda claro si el visitante es exhibido a los peces o los peces al visitante, salvo por un detalle: los peces mantienen conductas adecuadas. Los visitantes en cambio, se comportan de una manera extraña. Los peces entienden la voz del altoparlante: “no rompa el vidrio de la pecera, porque los humanos no respiran en el agua”. Pero los visitantes no atienden la voz que grita “no utilice flashes porque los peces carecen de párpados” y hasta duplican la apuesta utilizando reflectores. Después de un rato se comprende la situación: todo lo que en principio se juzga como gente recorriendo el lugar, son en realidad cámaras digitales y teléfonos móviles que llevaron a pasear gente. Por eso no entienden, porque los artefactos no piensan. Por suerte los peces, que son muy organizados y solidarios, hicieron un fondo común y compraron lentes oscuros para toda la comunidad acuática. También preparan una convención para noviembre, en la que intentarán averiguar por qué las personas no pueden admirar y necesitan registrarlo todo virtualmente. Tienen una hipótesis: creen que a los humanos se les atrofió la capacidad de vivir la realidad y solo pueden percibirla a través de aparatos. El ala más dura de la convención, va más allá: creen que la tecnología piensa, decide y actúa, por las personas. En noviembre se sabrá.

Esther

Vida eterna

“Más que por la duración del tiempo que ofrece hechos invariables, se vive por la diversidad de las situaciones en que el tiempo nos hace intervenir”

La Nación, 7 de octubre de 1893.

“La ciencia acaba de descifrar un mecanismo de resucitación que abre un escenario científico extraordinario. El autor de este hallazgo (…) logró comprender el proceso de “resurrección” de una bacteria que aun después de muerta es capaz de volver a la vida en pocas horas. Para el científico podría ser el primer paso en el terreno de la reconstitución neuronal y cardíaca. Pero de allí en más, todo sería posible. Hasta la vida eterna.” El periodista le pregunta: “¿Podríamos decir que usted acaba de fundar un instituto que trabajará para la resurrección humana?” y el científico responde: “En broma, suelo decir que pediremos financiación al Vaticano para trabajar sobre la base molecular de la resurrección. Si Roma nos da el dinero, habremos ganado.”

La Nación, 12 octubre de 2006.

Me gustaría preguntarle al científico: ¿qué habremos ganado?… se vive por la diversidad de las situaciones en que el tiempo nos hace intervenir.

Esther