Acuario

Un acuario impresionante. Paredes de vidrio, techos de vidrio, un recinto en el que no queda claro si el visitante es exhibido a los peces o los peces al visitante, salvo por un detalle: los peces mantienen conductas adecuadas. Los visitantes en cambio, se comportan de una manera extraña. Los peces entienden la voz del altoparlante: “no rompa el vidrio de la pecera, porque los humanos no respiran en el agua”. Pero los visitantes no atienden la voz que grita “no utilice flashes porque los peces carecen de párpados” y hasta duplican la apuesta utilizando reflectores. Después de un rato se comprende la situación: todo lo que en principio se juzga como gente recorriendo el lugar, son en realidad cámaras digitales y teléfonos móviles que llevaron a pasear gente. Por eso no entienden, porque los artefactos no piensan. Por suerte los peces, que son muy organizados y solidarios, hicieron un fondo común y compraron lentes oscuros para toda la comunidad acuática. También preparan una convención para noviembre, en la que intentarán averiguar por qué las personas no pueden admirar y necesitan registrarlo todo virtualmente. Tienen una hipótesis: creen que a los humanos se les atrofió la capacidad de vivir la realidad y solo pueden percibirla a través de aparatos. El ala más dura de la convención, va más allá: creen que la tecnología piensa, decide y actúa, por las personas. En noviembre se sabrá.

Esther

Vida eterna

“Más que por la duración del tiempo que ofrece hechos invariables, se vive por la diversidad de las situaciones en que el tiempo nos hace intervenir”

La Nación, 7 de octubre de 1893.

“La ciencia acaba de descifrar un mecanismo de resucitación que abre un escenario científico extraordinario. El autor de este hallazgo (…) logró comprender el proceso de “resurrección” de una bacteria que aun después de muerta es capaz de volver a la vida en pocas horas. Para el científico podría ser el primer paso en el terreno de la reconstitución neuronal y cardíaca. Pero de allí en más, todo sería posible. Hasta la vida eterna.” El periodista le pregunta: “¿Podríamos decir que usted acaba de fundar un instituto que trabajará para la resurrección humana?” y el científico responde: “En broma, suelo decir que pediremos financiación al Vaticano para trabajar sobre la base molecular de la resurrección. Si Roma nos da el dinero, habremos ganado.”

La Nación, 12 octubre de 2006.

Me gustaría preguntarle al científico: ¿qué habremos ganado?… se vive por la diversidad de las situaciones en que el tiempo nos hace intervenir.

Esther

Avance

Crema antiage, reafirmante, hidratante, humectante, relajante, nutritiva, de noche, de día; mascarillas, geles, tonificantes, contorno de ojos. Tratamientos para la celulitis, las venitas, las várices. Gimnasio tres veces por semana. Belleza de pies y manos. Peluquería, corte, tintura, peinado, baño de crema o ampolla hipersuperreconstituyente del tejido capilar, brayin, planchita. Depilación de piernas, axilas, bozo y cejas. Masajes descontracturantes, reafirmantes, desestresantes, reductores. Pulido corporal. Dietas líquidas, sólidas, de la luna, de las verduras. Rubor, base correctora, delineador de ojos y labios, esmaltes, lacas, sombras, rimel, labial. Cama solar o sol con pantalla 60. Ropa deportiva, formal, sport, casual, de entre casa, ropa interior. Zapatos, sandalias, botas, zapatillas, ojotas. Carteras, chales, cinturones y demás accesorios. Revistas de orientación para combinar todo eso. Cirugías estéticas, botox, rellenos. Trabajo, marido, hijos, casa, jardín, mascota, madres, suegras. Qué adorable la liberación femenina.

Esther

Formación In-formación

Sin duda es conveniente leer los diarios para comprender luego Barcelona. Fuera de eso se trata siempre de resolver de la mejor manera posible, la tensión entre formación e información. No hay tiempo para las dos. En una época de formación permanente, informarse es casi suntuoso. Pocas veces nos encontramos con personas que, excesivamente informadas, den cuenta simultáneamente de una formación adecuada. Porque estudiar, capacitarse, entender, exige una distancia necesaria del flujo cotidiano de los acontecimientos. Aprender requiere suspender el tiempo, hacer como si no pasara nada allá afuera y solo aquí adentro en este escritorio. Por el contrario, informarse es atender estímulos externos y ponerlos en relación constante con los otros infinitos aconteceres (actividad que juzgo absolutamente innecesaria dado su alto índice de repetitividad). Nada hay de nuevo que no pueda imaginarse o ficcionarse. Basta reiterar hasta el hartazgo los amargos hechos de los últimos diez años y se obtiene el presente. Cualquiera que comprenda los modos correctos de proyectar información obtendrá eso que la tele llama “realidad”. Cierto: aparece necesario el equilibrio pero no tengo idea de cómo se lograría. Mientras tanto Barcelona satisface perfectamente todas las necesidades de actualidad, en algo que podría ser la síntesis entre necesidades de in-formación y necesidades de formación, a saber: la de-formación de la, de todos modos, inaccesible realidad.

Esther

Cachi

En el recorrido propuesto de los Valles Calchaquíes está Cachi. Pueblo diminuto y polvoriento y, según me dicen, visitado por extraterrestres con alguna asiduidad. En Cachi no hay mucho para hacer de modo que comer es el mejor plan. Así pasé la tarde entre casuelas de llama y cabernet, empanadas y cerveza Salta, hasta que se hizo la noche y solo quedaban los nenes corriendo en la Plaza única. El silencio profundo y la oscuridad absoluta entrecortada por farolitos de pocos wats en extraña combinación con horas de alcohol, abren un paisaje, hasta el momento insospechado. En el camino algo destaca: no hay puertas abiertas en ninguna casa y los picaportes brillan con su mejor bronce. Puertas horrendas, puertas nuevas, puertas altas… en todas se repite con el mismo empeño ese picaporte endemoniado. No sé que hacen estos habitantes encerrados tan temprano con la luz apagada, solo adivinados por el murmullo que dejan filtrar por debajo de las puertas herméticas. Y por qué cierran las puertas. Y por qué tienen los picaportes tan brillantes. Había dejado mi equipo antropológico en Buenos Aires de modo que no tuve cómo auscultar. Pensé en los extraterrestres y tuve que desestimarlo por razones obvias: cualquiera sabe que están en elUritorco y no en Cachi. Preferí no consultarlo con nadie menos por discreta que por miedo a escuchar alguna historia que me perturbara el sueño. Pero aquello que estamos destinados a saber es inevitable y por esas causalidades en el almacén, mientras reclamo una Villavicencio fría, escucho algo de unos enanos que salen de ronda después de las doce (horario conveniente si se es enano de historia espantosa) y andan por ahí robando picaportes con intenciones siniestras. Los motivos, los modos de operar y las relaciones con la cerrajería como seudociencia paranormal, me los reservo para preservar la sensibilidad de quién lee. Sépase únicamente que las siguientes tres noches dormí de a ratos, vigilando que la puerta de la habitación permaneciera cerrada. A la cuarta me conjuró un cerrajero y seguí mi viaje.

Esther