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Su vocación por la farsa es tremenda. ¿Le viene de adentro, como una «expiración», o la ejerce mediante un acto cerebral? – Nunca me lo he preguntado -le dije-. Sólo sé que en los trances más dramáticos o solemnes de mi vida siento una furia interior, poética y a la vez destructora, que me incita de pronto a una liberación por lo absurdo.

Leopoldo Marechal. El banquete de Severo Arcángelo (1965)