Florence y Edward

La vio acercarse caminando por la playa, una forma que al principio solo era una mancha añil contra los guijarros que se oscurecían, y que a veces parecía inmóvil, contornos que destellaban y se disolvían, y otras veces súbitamente más próxima, como una pieza de ajedrez adelantada unas cuantas casillas hacia ella. El último resplandor del día bañaba la orilla, y detrás de Florence, hacia el este, lejos, había puntos de luz en Portland, y la base de la nube reflejaba el débil fulgor amarillento de las farolas de una ciudad lejana. Le miraba deseando que avanzara más despacio, porque sentía un temor culpable y tenía una necesidad acuciante de disponer de más tiempo. Temía cualquier conversación que fueran a mantener. A su modo de ver, no existían palabras para expresar lo que había ocurrido, no existía un lenguaje común con el cual dos adultos cuerdos pudieran describirse aquellos sucesos. Y discutir al respecto rebasaba aún más los límites de su imaginación. No había discusión posible. Ella no quería pensar en el asunto, y confiaba en que él opinara lo mismo.

Ian McEwan (1948). Chesil Beach (2007)

Ya no hay aventuras, solo parodias

Sentía atracción por lo que uno llama tipos fracasados, dijo. Pero, ¿qué es, dijo, un fracasado? Un hombre que quizás no tiene todos los dones, pero sí muchos, incluso bastantes más que los comunes en ciertos hombres de éxito. Tiene esos dones, dijo, pero no los explota. Los destruye. De modo, dijo, que en realidad destruye su vida.

Después Tardewski volvió a hablar de esa cualidad destructiva, de esa rara lucidez que se adquiere cuando se ha conseguido fracasar lo suficiente. Porque otra de las virtudes del fracaso, dijo, es que nos enseña que nunca nada deja su huella en el mundo.

Se que simplemente por la necesidad constante defenderse puedo llegar a volverse tan débil que no pueda ya defenderse.

Todos queremos, le digo, tener aventuras. Renzi me dijo que estaba convencido de que ya no existían ni las experiencias, ni las aventuras. Ya no hay aventuras, me dijo, sólo parodias.

Vine a este pueblo hace más de 30 años y desde entonces estoy de paso. Estoy siempre de paso, soy lo que se dice un ave de paso, sólo que permanezco en el mismo lugar.

Ricardo Piglia. Respiración artificial (extracto) (2006)

Limítate a quererme, y yo me ocupo

“Limítate a quererme, y yo me ocupo. Era dulce y cómodo. Era engañosamente seguro despertarse de noche y escuchar la respiración tranquila del Hombre. Ni siquiera el miedo existía entonces; porque el miedo es hijo de la imaginación, y allí solo había horas felices que pasaban como un bolero bonito o el agua mansa. Y era fácil la trampa: su risa cuando la abrazaba, los labios al recorrer su piel, la boca susurrando palabras tiernas o atrevidas bien requeteabajo, entre sus muslos, muy cerca y bien adentro, como si fuera a quedarse allá para siempre –si vivía lo bastante para olvidar, aquella boca sería lo último que ella olvidaría-. Pero nadie se queda para siempre. Nadie está a salvo, y toda seguridad es peligrosa. De pronto despiertas con la evidencia de que resulta imposible sustraerse a la mera vida; de que la existencia es camino, y que caminar implica elección continua. O esto o lo otro. Con quién vives, a quién amas, a quién matas. Quién te mata. Queriendo sin querer, cada cual recorre sus propios pasos. La Situación. A fin de cuentas, elegir.”

Antonio Pérez-Reverte. La Reina del Sur (2002)

Como mi lengua lo esplica

Soy gaucho, y entiendanló
Como mi lengua lo esplica,
Para mí la tierra es chica
Y pudiera ser mayor,
Ni la víbora me pica
Ni quema mi frente el Sol.

Nací como nace el peje
En el fondo de la mar,
Naides me puede quitar
Aquello que Dios me dió
Lo que al mundo truge yo
Del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre
Como el pájaro del Cielo,
No hago nido en este suelo
Ande hay tanto que sufrir;
Y naides me ha de seguir
Cuando yo remuento el vuelo.

Yo no tengo en el amor
Quien me venga con querellas,
Como esas aves tan bellas
Que saltan de rama en rama
Yo hago en el trébol mi cama
Y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos escuchan
De mis penas el relato
Que nunca peleo ni mato
Sino por necesidad;
Y que á tanta alversidá
Solo me arrojó el mal trato.

Y atiendan la relacion
Que hace un gaucho perseguido,
Que padre y marido ha sido
Empeñoso y diligente,
Y sin embargo la gente
Lo tiene por un bandido

José Hernández. El gaucho Martín Fierro (1872)
1834-1886 Buenos Aires, Argentina.

Cor, què desitjes?

Durante todo el día no haré nada, pues es lo que suelo hacer durante los seis meses que paso anualmente en Port Lligat. Nada, o sea que pinto sin interrupción. Gala está sentada encima de mis pies desnudos, como un mono del espacio, o como un aguacero de mayo, o como una diminuta canastilla trenzada con arándanos silvestres. Para no perder tiempo, le pregunto si puede hacerme una lista de . Ella me la recita en forma de letanía:

-Manzana del pecado original de Eva, manzana anatómica de Adán, la manzana estética del juicio de París, la manzana de la afectividad de Guillermo Tell, la manzana de la ley de gravedad de Newton, la manzana estructural de Cezanne…

Después, me dice riendo:

-Basta de manzanas históricas, ya que la próxima será la manzana nuclear que estallará.

-¡Hazla estallar!- le digo

-Estallará al mediodía

La creo, pues todo lo que ella dice es verdad. A mediodía, el pequeño sendero de cinco metros al lado de nuestro patio se había alargado a tresienctos, pues Gala había comprado el pequeño olivar contiguo donde, por la mañana, se había delimitado con cal un camino blanco. El comienzo del camino estaba marcado por un granado -¡ésta era, pues, la manzana granada explosiva!

Después, Gala, adelantándose a mis deseos, me propuso la invención de una caja de seis paredes en cobre virgen (…).

<¿Cor què vols? Cor què desitjes?>, eso me decía mi madre cada vez que se apresuraba a colmar mis deseos. Para agradecer a Gala su manzana granada explosiva repito:

-Cor què vols? Cor què desitjes?7

Y ella me responde con un nuevo regalo para mí:

-¡Un corazón de rubíes que late!

(…) Mi pequeño mono del espacio había venido a sentarse junto a mis pies desnudos (…) yo me disponía a volver a pintar (…) le expresé mi último capricho que esta vez me parecía inalcanzable:

-¡Fríeme un huevo!

Me frió dos.

Salvador Dalí. Diario de un genio. 2 de septiembre de 1958.

Figueres 1904-Figueres 1989, España.

7 Expresión catalana que, literalmente, significa: «Corazón, qué quieres? Corazón, qué deseas?»

Imagen: Artribune