Si todos sospechan

Si todos sospechan, descreen, te objetan, te apuntan, se quejan, no entienden, preguntan, acusan, te juzgan, pretenden, se ríen, intentan, se enojan, acechan, te absorben, lo cuentan, suspiran, machacan, te miran, comentan, destiñen, golpean, te ladran, se acercan.

No dudes, hacelo, estás cerca.

Esther

Humo

Le dice no fumes mucho justo cuando apaga el pucho 35. No sabe qué es “no fumes mucho”. ¿Será el equilibrio que le reclama la siquiatra? Desconoce. 35 o 5 que más da. Si desayuna clonazepam. Si come cuando la invitan o cuando la motiva un aroma. Qué puede saber de puchos. En realidad no sabe de nada. Solo intuye y ahí va. Escucha. Escucha mucho. Porque no sabe conversar, no entiende la dinámica. Solo sabe fumar. Entiende su boca como entiende la vida, algo para tragar. La entiende como un humo. Es bruta. Ignora todo. No comprende ni la tele. Ni lo que la rodea. Ni siquiera el horario en que tiene que sacar la basura. Ni eso comprende. Desconoce, por eso traga humo. Porque es más fácil que respirar y mucho más fácil que entender.

Esther

Brevedades

A veces le asisten espacios de cordura, momentos de realidad. Que son todo, porque sin ellos qué haría. Qué nuevos episodios inventaría. Recurre a esos instantes como un maratonista sediento. Los exprime. Sabe que son escasos y breves. Tan breves que es un fastidio. Por eso cuando aparecen, sin lógica ni cronometría, decide. Y puede ser que decida desde un viaje hasta un nuevo corte de pelo. Desde un matrimonio hasta una visita inadecuada. Cuenta con esas brevedades, pero no las espera. Porque sabe que aparecen sin lógica ni cronometría. En uno de esos brevísimos momentos (tal vez el más breve que recuerde) decidió enterarse de su casa habitada de él y por él. Enterarse de sus rincones. Y los recorrió todos, los bendijo uno por uno, los amó como a huérfanos. Y después se le fue la brevedad, la cordura, la sed, la realidad y le pareció que era nada. La casa, los rincones y los huérfanos.

Entonces la vendió.

Esther

Padres

Padres. Hombres potencialmente padres. Padres impotentes. Padres con poder. Poderosos que no son padres. Jóvenes que no saben que son padres. Padres enterados que sin embargo no entienden. Entendidos en el tema que buscan. Todos llevamos un padre a cuestas. Todos somos un padre, enterado, impotente, potencial, poderoso, digno, infeliz, anticuado, amoroso. Todos admiramos a otro padre que no es el que nos tocó. Todos tenemos el padre que amamos, que a veces coincide con la sangre y a veces no. Padres que coinciden y padres que juegan a ser lo que les sale. Padres íntegros, padres anécdota, padres imposibles, padres admirables. Un rol, un estado, una situación o las tres revueltas en un hombre. Entre tanto, desde el sillón mi propio padre me consulta una sencillez que no puedo responderle ahora que estoy preguntándome cuál de todos será él.

Esther