Qué extraña manera de estarse muertos

LXXV

Estáis muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y sinembargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.

Cesar Vallejo. Trilce (1922)
Santiago de Chuco, Perú 1892 – París 1938.

Imagen: Vallejoandcompany

Este puntilloso espíritu de camaradería

Este puntilloso espíritu de camaradería que había observado últimamente en su rival no lograba apartar a Stephen de sus hábitos de tranquila obediencia. Desconfiaba de la turbulencia y dudaba de la sinceridad de una tal camaradería que le parecía una triste anticipación de la virilidad. El punto de honor suscitado ahora le resultaba tan trivial como todas estas cuestiones. Mientras su imaginación había estado atareada persiguiendo fantasmas intangibles, o dejando de perseguirlos para caer en la irresolución, había estado escuchando constantemente las voces de sus profesores que le excitaban a ser antes que nada un perfecto caballero y un buen católico. Estas voces habían llegado a sonar en sus oídos como palabras vacías. Al abrirse el gimnasio, había oído otra voz que le mandaba ser fuerte, viril y saludable. Y cuando el movimiento a favor de un renacimiento nacional se había comenzado a sentir en el colegio, otra voz le había invitado a ser fiel a su patria y a ayudar a vivificar su lenguaje y sus tradiciones. En lo profano, lo preveía, habría otra voz que le invitaría a reconstruir con su trabajo la derruida hacienda de su padre; y, entre tanto, la voz de sus compañeros le mandaba ser un buen camarada, encubrirlos en sus faltas, interceder por su perdón y hacer todos los esfuerzos posibles para obtener días de asueto para el colegio. Y era el zumbido vacío de todas estas voces lo que le hacía titubear en la persecución de sus propios fantasmas. Sólo les prestaba atención por algún tiempo, y era feliz cuando podía estar lejos de ellas, fuera del alcance de su llamamiento, solo, o en compañía de sus propios yfantasmales compañeros.

James Joyce. Retrato del artista adolescente (1916)

Dublin 1882 – Zurich 1941

Nubes de un cielo que no cambia

En Casa América, Plaza de la Cibeles 2, Madrid. Hasta el 21 de febrero, lunes a sábado de 11 a 20h. Domingos y festivos de 11 a 15h. Entrada libre.

Esta muestra presenta a Bogotá como teatro de operaciones del fotógrafo Ricky Dávila junto con el poeta Dufay Bustamante. Una nueva geografía urbana en la que la capital colombiana sirve de coartada para la metáfora visual y escrita, en un viaje de introspección de ambos autores.

Desde el 24 de noviembre hasta el 21 de febrero, las salas Fida Kalho y Diego Rivera de la Casa de América acogerán este fantástico proyecto que ha contado con el apoyo de la institución desde sus inicios. Las 54 imágenes que componen esta muestra se completan con los versos del joven poeta de Pereira, Dufay Bustamante.

El trabajo de Ricky Dávila se ha caracterizado por una fotografía en blanco y negro, y por una impactante utilización de la luz. Sus imágenes nunca dejan indiferente al público.

Sus imágenes neutras son la representación de situaciones de calma y estados de extraña armonía en sus personajes, mostrando imágenes que inquietan por su fragilidad y por su atemporalidad.

Nubes de un cielo que no cambia reinterpreta la ciudad de Bogotá presentada como un teatro de operaciones en el que la visión de fotógrafo y poeta crea una nueva geografía urbana en la que la capital colombiana sirve de coartada para la metáfora, visual y escrita, en un viaje de introspección de ambos autores.

Más info

Fuente: Casa América

Ingmar Bergman. El hombre de las preguntas dificiles

Centro Cultural Borges | Inauguración 10/12 19h | Lunes a sábado de 10 a 21 y domingos de 12 a 21. Hasta el 10 de enero.

El Instituto Sueco desea mostrar nuevas e inesperadas facetas del famoso cineasta Ingmar Bergman y ha producido la instalación El Hombre de las Preguntas Difíciles, una exposición audiovisual sobre y con el director de cine, destinada al público extranjero.

El título de la exposición hace alusión a la célebre frase de Woody Allen.
La Instalación oscila entre la seriedad absoluta y el humor más liviano. En el medio hay algo así como un árbol, quizá un abeto castigado por el viento de la isla de Faro, frente a la costa sueca, donde Bergman pasó sus últimos años y cuyo perfil aparece en la fotografía panorámica sobre los paneles que rodean el árbol. En cinco pantallas, el visitante de la muestra puede ingresar a un universo único. Se ven escenas de largometrajes, extractos de entrevistas, clips del back-stage, fragmentos de documentales, citas de libros, artículos y críticas, etc. Se presentan actores, técnicos de cine, críticos, aprendices y epígonos.

La instalación se podrá ver en conexión con una muestra de sus películas, en el Centro Cultural Borges, de Buenos Aires a partir del 10 de diciembre.

Presentado por: Swedish Institute. Auspiciada por: Embajada de Suecia en Buenos Aires.Patrocina: Embajada de Suecia.

Fuente: CCB

Un aplazado

De pronto, como un breve latigazo,
mi nombre, Friedt, estalló en el aula.
Yo me puse de pie, y un poco trémulo
avancé hacia la mesa, entre las bancas.
Era el examen último del curso
y al que tenía más miedo: la gramática.
Hice girar resuelto el bolillero
Las dieciséis bolillas del programa
resonaron en él lúgubremente
y un eco levantaron en mi alma.
Extraje dos: adverbio y sustantivo.

Me dieron a elegir una de ambas
y elegí la segunda. -¿Y qué es el nombre?
díjome uno y me asestó las gafas.
Sentí luego un sudor por todo el cuerpo,
se me puso la boca seca, amarga,
y comprendí, con un terror creciente
que yo del nombre no sabía nada.
Revolvía allá adentro, pero en vano,
me quedé en absoluto sin palabras.

Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos:
el camino de arena, cierta planta,
el hermano pequeño, mi perrito,
el té con leche, el dulce de naranja,
¡qué alegría jugar a aquellas horas!
Y sonreía mientras recordaba.
-¡Pero señor -rugió una voz terrible-,
el nombre sustantivo, una pavada!-
Torné a la realidad: sobre la mesa
los dedos de un señor tamborileaban,
cabeceaba blandamente el otro,
el tercero bebía de una taza.

Hacía gran calor. Yo tengo una
cara redonda, simple, colorada,
los ojos grises y los labios gruesos,
el pelo rubio, la sonrisa clara.
Yo quería jugar, no dar examen
darlo otro día, sí, por la mañana…

Se me nubló la vista de repente,
los profesores se me borroneaban,
adquirió el bolillero proporciones
gigantescas, fantásticas,
oí como entre sueños: Señor mío,
puede sentarse… -Y me llené de lágrimas.

Baldomero Fernández Moreno. Yo médico, yo catedrático (1941)

Buenos Aires, 1886-1950