Bicentenario: 200 años de humor gráfico

Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori (Buenos Aires). Sábado 21 de noviembre 2009. Organizada juntamente con el Museo del Dibujo y la Ilustración. Desde los célebres peinetones de Bacle (1830), pasando por las litografías de los periódicos El Mosquito, La Presidencia, La Cabrionera y Don Quijote (1870-1900), entre otros, y  dibujos humorísticos originales del siglo XX publicados en Caras y Caretas, La Nación, Fray Mocho, Crítica, P.B.T., Patoruzú, Rico Tipo, Clarín, Tía Vicenta, El Mundo, Hortensia, Satiricón, Humor, entre muchos otros, hasta el reciente relanzamiento de Caras y el nacimiento de otras publicaciones. Se exhibirán producciones realizadas por los artistas Eduardo Sojo, Manuel Mayol, José María Cao, Mario Zavattaro, Eduardo Alvarez, Alejandro Sirio, Diógenes Taborda, Dante Quinterno, Guillermo Divito, Lino Palacio, Landrú, Quino, Calé, Oski,  Guillermo Mordillo, Hermenegildo Sabat y Andrés Cascioli, entre otros, publicados en los más prestigiosos medios gráficos: El Mosquito, Don Quijote, Caras y Caretas, Fray Mocho, Billiken, El Hogar, La Nación, La Razón, Crítica, La Vanguardia, Patoruzú, Rico Tipo, Avivato, Tía Vicenta, Crisis, Clarín, Para Ti, Gente, Saber Vivir, Satiricón, Humor, entre otros.

Men in progress

Dediqué una cuantas semanas al ensayo de Alfred Stout, “Men in progress”. No puedo ni pretendo tener una idea de su obra, todavía. Leeré todo una vez más deteniéndome en las anotaciones que fui haciendo al costado, intentando. Es la perplejidad lo que me lleva a este comentario, no hay otra cosa. Su agudeza, su exactitud para decir, su descaro. Recordemos que Stout (Irlanda, 1920) dedicó su vida a las matemáticas y que fue por un episodio no muy claro (ni siquiera para sus biógrafos y mucho menos para sus críticos) que se inició en la ensayística y se obsesionó con lo que mucho tiempo después se llamaría “nueva masculinidad”.

Escribo sin comprender, lo comparto por vocación y cada quién considere lo que le parezca. Escojo lo menos significante por el lugar que ocupa y a la vez, el mejor pedacito que encontré de su idea, lo que demuestra también su pretensión de no ser entendido rápidamente, un modo de soberbia al que nos tiene acostumbrados. Se trata de una nota al pie (que recién advertí en una segunda lectura de ese capítulo 17 y que no hace más que confirmar sus pretensiones de invisibilidad ficticia) que dice:

“Los hombres solo necesitan que les crean. No esperan más que eso. Una mujer puede vivir sin que le crean, porque su condición es ya creíble. El hombre necesita siempre una justificación de existencia.”

Aunque la provocación es evidente, todo el ensayo es una provocación, llegar a esta idea es al menos un desafío a cualquier síntesis imaginada.

Un párrafo más y me retiro:

“Consumen (los hombres) su tiempo con asombrosa falta de capacidad para el disfrute propio. Es que justificar su existencia les lleva a las más diversas empresas, a las menos lógicas, si bien se lo piensa. Por eso el éxito masculino solo puede darse en parcelas. Que solo basta observar para encontrar que no hay buenos padres que sean buenos empresarios, ni buenos viajeros que conserven sus amistades. Son monofásicos intentando sostener y controlar lo que excede, ya no al género, sino a la condición humana.”

Dice Stout.

Esther

De las esperanzas

“Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.

Como el Dios de los místicos
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.

Todo se lo robamos,
no le dejamos ni un color ni una sílaba:
aquí está el patio que ya no comparten sus ojos
allí la acera donde acechó la esperanza
Hasta lo que pensamos podría estar pensándolo él también;
nos hemos repartido como los ladrones
el caudal de las noches y de los días.”

Encontré este pedazo de Borges.

Lo trajo de la mano una espera.

La espera siempre acompañada, aún a desgano,
de una esperanza,
y las esperanzas….

Inmóviles estatuas,
mas vale te muevas para visitarlas
(con olor a París y barba adolescente).

Como tantas, como otras.

Como el prólogo de las miradas
como la belleza,
como la perfección
y el inevitable ahogo.

Tarde de invierno
jugando a que no entiendo nada
también encuentro este mensaje
cifrado en rojo y negro:
«para recobrar la alegría».

Yo no pedí nada.

Ni a borges ni a las esperanzas.
pero vienen
y también vienen los famas.

Paul

Este ansia de innovación compulsiva disfraza lo nuevo…

Este ansia de innovación compulsiva disfraza lo nuevo y, en realidad, se parece más a la fabricación de un mundo ideal. No toda novedad está anunciando la emergencia de una diferencia. La novedad arropada de panacea está cargada de atributos mágicos. Podemos inundar la escuela de innovaciones y sin embargo ahogar la “novedad” entendida como algo de otro orden que viene a transformar matrices de pensamiento y acción. La educación no es más potente por su carácter innovador sino por su capacidad de producir alguna diferencia en el sujeto y de poner a su disposición algo que le permita ser distinto a lo que es en algún aspecto. La cuestión no es entonces ahogarnos de innovaciones sino crear condiciones para que el por-venir acontezca. El discurso de la innovación encierra una paradoja irresoluble, porque en tanto se convierte en imperativo, en estrategia previsible para un futuro fabricado, inhibe la disrupción, la verdadera novedad que solo puede registrarse luego de acontecida.

Alejandra Birgin. “Presentación” en ¿Dónde está la escuela? (2001)